La Liga Antiimperialista Internacional (AIL), con la adhesión de organizaciones de Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile, México, Colombia y Brasil, ha difundido un nuevo llamamiento dirigido a las organizaciones y sectores antiimperialistas de América Latina y del continente, ante el incremento de la intervención del imperialismo estadounidense en la región. El pronuciamiento plantea la necesidad de articular una respuesta continental y convoca a una Jornada Continental de Lucha contra el colonialismo y el imperialismo, a desarrollarse a partir del 12 de octubre y hasta el 27 de octubre de 2026, como parte del inicio de una campaña permanente de denuncia y resistencia frente a las medidas de agresión e intervención del imperialismo yanqui.El llamamiento propone desarrollar acciones de movilización, agitación y propaganda en los distintos países, bajo la consiga: «¡Fuera yanquis de América Latina!».

Reproducimos el llamado completo a continuacion:
Llamamiento de la AIL: desatar una poderosa Jornada Continental de Lucha contra el incremento de la intervención del imperialismo yanqui en América Latina
Reafirmando la resolución tomada en su congreso fundacional, la Liga Antiimperialista Internacional (AIL) llama a todos los anti-imperialistas de América a oponerse a la creciente intervención del imperialismo yanqui en América Latina.
Correspondiendo a su nueva Estrategia de Seguridad Nacional y sus preparativos de guerra ínter-imperialista, el imperialismo yanqui, principal enemigo de los pueblos del mundo, ha renovado la Doctrina Monroe de “América para los americanos” como centro de su política para el continente y su papel de gendarme de la región. Como una bestia herida, se incrementa la agresividad, el chantaje y la intervención, apoyada por títeres y lacayos, como una necesidad de asegurar su supervivencia como superpotencia hegemónica única.
Estados Unidos pasa por una profunda crisis, parte de la crisis de descomposición del imperialismo en general, en la que se reafirma su carácter parasitario y la especulación. En lo económico se expresa desde la pérdida de bases industriales importantes y el deterioro de las condiciones laborales, el incremento de los trabajos informales y la pérdida de mercados de su sector agrario ante la competencia extranjera, hasta el aumento de precios sin precedentes y un endeudamiento público que no se veía desde la II Guerra Mundial, aspectos que también conllevan el aumento de las tasas de intereses y restricción del crédito. En lo político, su crisis se expresa en una profunda división de sus clases dominantes y en una recolección de fracasos en su política internacional, que ha cosechado principalmente en Medio Oriente, demostrados, pero no solamente, en la huida vergonzosa de Afganistán, en la incapacidad de doblegar la resistencia nacional Palestina y en la impotencia ante la nación Irán, crisis que por eso es también indisociable de la crisis del sionismo, su enclave militar de avanzada en la región.
Más que eso, la crisis política del imperialismo yanqui se expresa en el ascenso de un poderoso movimiento de masas en su seno, como hace décadas no se veía: desde las protestas masivas en el período de la pandemia del COVID desatadas con el asesinato de George Floyd, el despertar generaciones de revolucionarios en el en defensa del derecho a la autodeterminación del pueblo Palestino en el seno de la bestia misma, reafirmada por los hechos heroicos de su resistencia nacional, hasta las protestas y la resistencia popular contra la política racista del ICE, la revocación de derechos y libertades democráticas, que remontan a la fundación de Estados Unidos como nación, y la militarización creciente del Estado y de la sociedad estadounidense en su conjunto. La crisis del imperialismo yanqui es integral: económica, política y militar.
Azotado por un proceso creciente de “terceromundización”, declarando al mundo una debilidad que lo lleva incluso a presionar a sus viejos aliados imperialistas de segundo orden, el imperialismo yanqui no tiene alternativa sino reafirmar su propria esencia imperialista, su tendencia a la reacción, a la agresión y a la guerra, desechando el velo de los “derechos humanos” y del “derecho internacional”. No tiene salida sino responder a su crisis económica, que ya apunta al estallido de una nueva burbuja y un nuevo salto en la centralización de los capitales en sus grandes conglomerados monopolistas multinacionales, con el incremento de sus gastos militares, fortaleciendo su complejo industrial-militar del que ellos hacen parte.
Como parte de sus esfuerzos por garantizar la supervivencia y el predominio de esos monopolios y mantener su condición hegemónica, esfuerzos que originan las nuevas formulaciones de su doctrina militar, al imperialismo yanqui no le queda otra opción sino exportar su crisis al tercer mundo, a sus colonias y semicolonias en especial, asegurando la predominancia de sus capitales y el acceso a materias primas estratégicas, como el petróleo o las «tierras raras». Matando varios pájaros con un mismo tiro y preparandose para nuevas y más sangrientas guerras de agresión y potencialmente inter-imperialistas, busca, además, tanto privar a sus contendientes, que perciben su descenso, de esos mercados y recursos estratégicos, principalmente al imperialismo chino, como mantener la dominación y la explotación del principal fundamento de su condición de potencia imperialista: América Latina, a quien le reafirma su papel de gran finca para monocultivos y cantero de extracción de recursos minerales. Para alcanzar su objetivo, se le exige al imperialismo yanqui exportar su propria militarización a todo el continente, garantizar y elevar su control sobre sus gobiernos y sus ejércitos “nacionales”, exigiendo un alineamiento total, usando para eso de todos los medios a su disposición, desde el chantaje comercial y las amenazas hasta la agresión directa, sin descartar el viejo y conocido instrumento de los pueblos de la región de los golpes de Estado.
Los hechos son evidentes: la militarización del Caribe y su ocupación militar; el secuestro presidencial y la apropiación ilegal del petróleo y los recursos naturales de Venezuela; la militarización también del Pacífico con el apoyo del gobierno de Noboa en Ecuador; las amenazas e incremento del bloqueo contra Cuba; las amenazas de intervención a Colombia, y México; la intervención en las elecciones con el apoyo directo a candidatos ligados al sionismo, como el ciudadano estadounidense Abelardo, Milei, Santiago Peña, Nasry Asfura, Noboa o el inelegido Bolsonaro, todos peleándose por el nombramiento como embajador de Israel para América Latina; la sanción de ministros, jueces y miembros del poder ejecutivo en varios países del continente; las tarifas sancionarías; los acuerdos desiguales como el así llamado “Pax Sílica”, firmado por Argentina, Chile, Costa Rica, El Salvador y Panamá, para garantizar el saqueo y privar China de recursos minerales para la producción de semiconductores; son todas esas expresiones de la necesidad y de los instrumentos del imperialismo yanqui para elevar su control sobre los gobiernos del continente, para agravar la semi-colonialidad, tendiendo si posible a una condición colonial, como se ha buscado aplicar en Venezuela.
Pero a esos se suman otros hechos: el establecimiento de campos de concentración en El Salvador; convenios militares que permiten el ingreso de tropas yanquis a Ecuador, Paraguay y Colombia; la clasificación de organizaciones ligadas al narcotráfico como «terroristas» en Brasil; la renovación del discurso contra el “narcoterrorismo”, tildando organizaciones armadas del continente como “narcoterroristas” o “narcoguerrilleras” como en Paraguay y Colombia; el establecimiento del acuerdo internacional de cooperación en materia de «seguridad», la Coalición Anticarteles de las Américas, también llamada Escudo de las Américas, permitiendo el tránsito libre y la «cooperación» directa con miembros de sus agencias de seguridad; el establecimiento de acuerdos similares con el sionismo en Ecuador y en Paraguay; la creación de un nuevo grupo de trabajo militar destinado a coordinar operaciones en el hemisferio occidental por el Comando Sur; la reactivación de estructuras de las FFAA yanquis en el continente; los recientes ejercicios militares del PANAMAX 2026 con tropas de 17 países en Panamá y otros ejercicios bilaterales o multilaterales en la Amazonía; son hechos que expresan la necesidad del imperialismo yanqui de establecer medios jurídicos y políticos para justificar su intervención más o menos directa en el continente, con el apoyo incontestable de generales y militares adoctrinados durante décadas por la Escuela de Las Américas y sus filiales en los distintos países del continente, que no dudarán ni un segundo en eludir el poder ejecutivo o legislativo de sus países si hay necesidad.
Más que por necesidad para su contienda inter-imperialista, son hechos que expresan la necesidad de preparar la opinión pública y promover la naturalización de la presencia de tropas y agentes de seguridad e inteligencia yanquis en el continente, ante el creciente desarrollo de las luchas de masas y populares en región, como ha aclarado Marco Rubio, el casi-gusano de Miami, pero ni siquiera eso, en su “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”: el mayor peligro para el imperialismo yanqui es la “amenaza transnacional” del “terrorismo extrema-izquierda”, compuesto por “anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas”, lo que impone como necesidad ineludible asegurar el control y estabilidad de su “espacio vital”, su “patio trasero” y el llamado “hemisferio occidental” en su conjunto. Es comprobación de que los vientos soplan a favor de las naciones y de los pueblos, de la nueva ofensiva revolucionaria y anti-imperialista en todo el mundo, un reconocimiento público del imperialismo yanqui de la amenaza que suponen los revolucionarios de América Latina y del mundo al imperialismo en su conjunto.
En eso tenemos acuerdo con el imperialismo yanqui, lo han demostrado los levantamientos de los últimos años en el continente, en seguidas olas, como en Brasil en 2013, Chile en 2019, Colombia en 2021, Ecuador en 2022 y 2025, Argentina en 2024, Perú en 2025, o los recientes levantamientos populares en Bolivia del 2026, para tomar solamente algunos ejemplos más recientes. Tampoco el imperialismo yanqui ha sido capaz de acabar con la lucha armada en Colombia, en Perú o en Paraguay, teniendo siempre presente el ejemplo de Cuba, a solamente 90 millas de Florida, que le arde a anélidos como Marco Rubio, porque no han podido hacer igual que a Puerto Rico y transformarla en colonia, pese el mantenimiento de la base militar de Guantánamo, herencia de la guerra imperialista inaugural y marco inicial del imperialismo como sistema mundial: la guerra entre EEUU-España. Estados Unidos, aunque por la resistencia nacional y de los pueblos de Medio Oriente no haya sido capaz hasta ahora de salir satisfactoriamente y estabilizar a esa región, ha pasado a intervenir de forma más agresiva en América Latina porque sabe que el que se acuesta a dormir con llamas prendidas en su “patio trasero” puede despertarse por la mañana con su casa entera ardiendo.
Resaltamos, por fin, a todos los anti-imperialistas, que la lucha en América Latina es inseparable de la lucha de toda América en su conjunto, que es también inseparable de la lucha de los pueblos de Medio Oriente. Son algunas de las varias cuerdas que el imperialismo tiene atadas al cuello. No es casualidad que el sionismo, que nunca ha estado tan aislado internacionalmente, se haya ligado a los candidatos y gobiernos apoyados directamente por el imperialismo yanqui en el continente. A nivel nacional, regional o local, han organizado comitivas para promover sistemas de vigilancia policial masiva, como los que han sido rechazado ampliamente en Estados Unidos, para promover armas y demás tecnologías represivas que han desarrollado en sus intentos de doblegar y en sus crímenes contra el pueblo Palestino. Han organizando cursos, seminarios, ofrecido becas y sueldos, entrenado fuerzas policiales y agentes de represión, formal o informalmente, complementando la doctrina de contra-insurgencia de la Escuela de las Américas de la “seguridad nacional”, del “enemigo interno” y de la guerra permanente contra los pueblos del continente. Hacen parte del complexo industrial-militar que es la esencia del Estado yanqui. En el combate y la resistencia al imperialismo yanqui, el sionismo es también blanco permanente. El sionismo encontrará en América Latina y en América en general enemigo tan feroz como la Resistencia Nacional Palestina y no habrá un palmo de tierra en el continente en que pueda permanecer. Al sionismo, al imperialismo yanqui, y al imperialismo en su conjunto, los juramos destruir.
La Liga Antiimperialista Internacional (AIL) llama a todos los anti-imperialistas de América a oponerse a los planes intervencionistas del imperialismo yanqui: las derrotas para el imperialismo yanqui son victorias para los pueblos y las naciones de América en todo su conjunto.
En los EEUU, la Liga Antiimperialista Internacional (AIL) llama a todos los anti-imperialistas a oponerse de la forma más contundente a las políticas militaristas del imperialismo yanqui en todo el mundo, a buscar dar una correcta orientación y unirse al movimiento contra las guerras reaccionarias y la agresión en general; la AIL llama a sumarse activamente a la lucha contra las políticas anti-migración racistas y xenofobicas, que no solamente buscan dividir al proletariado, pero crear opinión pública fascista para apoyar las intervenciones en América Latina; la AIL llama a educar al proletariado y masas populares en general y preparar la resistencia contra las agresiones en el continente.
En América Latina, la Liga Antiimperialista Internacional (AIL) llama a todos los anti-imperialistas a oponerse a la línea de capitulación nacional expresada en América Latina en los ejemplos magnos del ministro de Defensa de Brasil, José Múcio, que ha afirmado sin pudor estar dispuesto a “abrirle las puertas a EEUU” si este decidiera invadir el país, o el del actual “gobierno interino” de Delcy Rodríguez en Venezuela. Los recientes hechos en Irán demuestran una vez más lo que ha reafirmado la Resistencia Nacional Palestina al derrotar el sionismo: aunque se agoten las reservas de bombas y misiles, el imperialismo es impotente ante la resistencia nacional y de los pueblos.
La Liga Antiimperialista Internacional (AIL) llama a todos los anti-imperialistas a defender el derecho a la soberanía de los Estados, a la independencia de las naciones y a la autodeterminación de los pueblos, a oponerse a los chantajes imperialistas y a responder firmemente a los asesinatos criminales promovidos en América Latina. La AIL llama a rechazar la presencia de tropas y agentes de seguridad del imperialismo yanqui y sus socios sionistas en el continente. En suma, a rechazar el papel auto-declarado por el imperialismo yanqui de gendarme continental.
El 12 de octubre, la reacción en los países hispanohablantes de América Latina conmemora el odioso “día de la raza” en el que se recuerda la sangrienta colonización realizada por el Imperio Español contra los pueblos originarios de América. El 12 de octubre de 1492 comenzaba con sangre y fuego una campaña de genocidio, barbarie, opresión, despojo, evangelización y sometimiento en contra de nuestros antepasados, los pobladores originarios de estas tierras.
De su parte, sin embargo, lo que los pueblos conmemoran el 12 de octubre es el día de la resistencia contra la colonización, resistencia que han opuesto a los asesinos conquistadores, desde el primer momento en que tocaron la tierra americana hasta nuestros días, resistencia permanente, tenaz y sin descanso, y que persiste contra sus sucesores, los imperialistas de hoy. Por eso, la Liga Antiimperialista Internacional (AIL), llama a los anti-imperialistas de América a desatar, el 12 de octubre, una Jornada Continental de Lucha: contra el colonialismo y el Imperialismo, período de acciones que se extenderá hasta el 27 de octubre, como parte del comienzo de una campaña permanente de rechazo y denuncia de la profundización de las medidas de agresión del imperialismo yanqui a América Latina, así como de lucha por elevar y organizar la lucha antiimperialista y la resistencia de los pueblos. Llamamos a la realización de jornadas de movilización, agitación y propaganda, con murales, pintas, volantes, afiches, a quemar y pisotear banderas yanquis y sionistas, bloqueos de vías o hacer cualquier actividad que vean pertinente en cada país.
La AIL llama en los países latinoamericanos a apuntar contra los símbolos del imperialismo yanqui y del sionismo y a presentar de forma permanente en toda manifestación de masas, además de la bandera de la AIL, las consignas de ¡Fuera yanquis de América Latina! Llamamos a transformar esta Jornada qCongi enraj de lucha en una ulterior campaña permanente contra el imperialismo yanqui en América Latina.
¡Al yanqui toda resistencia, ninguna obediencia!
¡Fuera yanquis de América Latina!
Liga Antiimperialista Internacional (AIL)
Octubre 1 de 2026,





