Este pasado 3 de marzo se registró una operación militar conjunta: las Fuerzas Armadas ecuatorianas y Estados Unidos bombardearon un campamento de la organización armada colombiana Comandos de la Frontera en la provincia amazónica de Sucumbíos, cerca de la frontera con Colombia. El Comando Sur de Estados Unidos describió la acción como una operación militar conjunta de carácter “letal”, confirmando su participación en el operativo.

Captura de patalla de video de la operación militar publicado por el comando Sur de Estados unidos Marzo 3, 2026.
Lo que marca un grave aumento de la injerencia militar de Estados Unidos en Ecuador como parte de sus planes de mayor ocupación militar en América Latina y de profundización del sometimiento de los países de su “patio trasero”.
Bajo la trillada excusa del combate al narcoterrorismo, se justifica la expansión de la presencia militar estadounidense en América Latina, la injerencia en asuntos internos de los países y la violación de la soberanía.
Paralelamente, el pasado 11 de marzo se anunció la apertura de una oficina del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en Quito. Según el ministro del Interior ecuatoriano, John Reimberg, el cambio fundamental es que “ahora tendremos agentes del FBI permanentemente en Ecuador trabajando con una unidad de la Policía Nacional”. Esto significa que funcionarios de una agencia federal estadounidense operarán de forma estable dentro del territorio ecuatoriano, coordinando investigaciones y compartiendo información con las autoridades locales.
La ampliación de la cooperación militar con Estados Unidos resulta completamente en desacuerdo con la voluntad popular del pueblo ecuatoriano. En noviembre de 2025, el presidente Noboa intentó cambiar la Constitución para permitir la presencia de bases militares en el territorio ecuatoriano. En ese plebiscito, amplios sectores de la sociedad ecuatoriana manifestaron su rechazo al retorno de bases militares extranjeras en el país. La memoria histórica de la base estadounidense de Manta —cerrada en 2009— sigue siendo un símbolo del sometimiento y la agresión que genera la presencia militar extranjera en territorio nacional.
Diversos movimientos sociales y sectores políticos advirtieron entonces que permitir nuevamente instalaciones militares o presencia operativa de fuerzas extranjeras podría abrir la puerta a nuevas formas de intervención.
Para el periodista y analista ecuatoriano Orlando Pérez, lo que está ocurriendo actualmente representa una transformación profunda del rol del país en la estrategia regional de Washington.
“En la práctica, Ecuador ya funciona como una base militar de Estados Unidos”, ha señalado el analista, quien advierte que el territorio ecuatoriano podría estar siendo utilizado como un “laboratorio” para nuevas formas de intervención militar en América Latina bajo el argumento del combate al narcotráfico.
Según su análisis, la presencia creciente de personal militar estadounidense, la llegada constante de aeronaves militares y las operaciones conjuntas sugieren que Washington ya participa activamente en el diseño y ejecución de acciones militares dentro del país.
El propio FBI, por su parte, también tiene una larga historia de actividad en el país y en toda América Latina.
Investigaciones históricas muestran que durante la Segunda Guerra Mundial el gobierno de Estados Unidos creó el programa Special Intelligence Service (SIS), bajo la dirección del entonces jefe del FBI, J. Edgar Hoover. Aunque oficialmente su objetivo era combatir la influencia nazi en el continente, el programa se centró posteriormente en el combate al comunismo y en inmiscuirse en los asuntos internos de los países.
En Ecuador llegaron a operar hasta 45 agentes del FBI, a pesar de que el país no tenía redes significativas de espionaje alemán. Con el paso del tiempo, el foco de estas operaciones cambió: la vigilancia dejó de centrarse en el nazismo y pasó a concentrarse en movimientos de izquierda, organizaciones sindicales y actores políticos considerados contrarios a los intereses estadounidenses.
Los documentos históricos analizados por investigadores muestran que estas operaciones formaban parte de una estrategia más amplia de vigilancia política y control ideológico en la región.
El presidente Daniel Noboa se ha mostrado dispuesto a servir a Estados Unidos y a sus planes hegemonistas e imperialistas, buscando contribuir al sometimiento de los pueblos de América Latina. En el plano diplomático, este alineamiento se expresa en la reciente expulsión de diplomáticos cubanos de Ecuador, sirviendo a la agresión y al cerco ilegal e ilegítimo que mantiene Estados Unidos sobre la isla caribeña. El gobierno de Cuba ha acusado a Noboa de actuar con “servilismo” frente a Estados Unidos, pues los móviles, según señalan, apuntan claramente a sujetarse a los dictámenes de Washington.
