A continuación, compartimos una traducción no oficial del último editorial del periódico A Nova Democracia (Brasil).

Hemos superado el infame 30 de marzo de 2026, fecha decretada por el gobierno fascista indio de Narendra Modi, este notorio genocida que hizo su carrera política con matanzas de pobres, como fecha de la extinción del histórico y vigoroso Movimiento Naxalita en el país. Sin embargo, la Guerra Popular dirigida por el Partido Comunista de India (Maoísta) sigue adelante contra el viento y la marea de la contrarrevolución. La información disponible indica una situación crítica creada por la represión militar genocida contra el pueblo adivasiy otros pobres en el campo y la ciudad, y las operaciones selectivas contra la dirección del PCI (Maoísta) combinadas con la acción de la quinta columna de Mallujola Venugopal, conocido como «Sonu». La camarilla de Sonu-Satish, miembros de la alta dirección del Partido, poseía una gran cantidad de información vital y secretos sobre el funcionamiento de la organización, sus códigos, claves y contraseñas para la comunicación entre dirigentes, los vínculos de la dirección con todas las redes del Partido y el ejército guerrillero; información crucial para la vida y la seguridad de sus dirigentes y mandos. Resulta lógico concluir que estos traidores proporcionaron a las autoridades del régimen fascista los secretos del Partido con tal antelación que explica la declaración pública de Modi hace más de un año de que la «Operación Kagaar» exterminaría al movimiento revolucionario. Esta información permitió planificar una campaña bélica con un alto nivel de conocimiento de las posiciones, el número y el tamaño de las unidades guerrilleras, sus movimientos y rutas, la cadena de mando y quiénes ocupaban los puestos y funciones centrales y estratégicos. La información del Partido permitió la campaña de cerco y aniquilación, empleando contingentes de cientos de miles de soldados y todo tipo de medios de guerra aéreos y terrestres, lo que condujo, no sin feroces combates, a la heroica derrota de cientos de guerrilleros y comandantes. Mientras tanto, los comandos asesinos, especialistas en masacres al servicio del régimen genocida de Modi, pasaron meses entrando en aldeas y perpetrando matanzas para obligar a las familias a revelar los nombres de sus hijos e hijas que pertenecían a la guerrilla maoísta. Además, amenazaron a los guerrilleros con la aniquilación de sus familias si no se rendían, como de hecho ocurrió con cientos de ellos.
Los seres más nefastos y miserables que jamás hayan existido en la parte más oscura de la historia de la humanidad, desde que esta se dividió en clases antagónicas con la llegada de la propiedad privada, se han presentado una vez más aquí con la sordidez y la cobardía de los traidores. Pero no cometieron este crimen simplemente para salvarse el pellejo como simples desertores, entregando a sus antiguos compañeros; colaboraron con el enemigo del pueblo indio desde hace mucho tiempo, sirviéndose de sus agentes infiltrados y la quinta columna en el seno de la dirección del movimiento revolucionario para destruirlo. Tal traición surgió directa e inevitablemente de sus posiciones revisionistas sobre la retórica jrushchevita del «dogmatismo», repetida por sus seguidores en el siglo XXI, tesis podridas rechazadas por la solidez de la línea marxista-leninista-maoísta histórica del PCI (Maoísta): la comprensión científica de la naturaleza de la sociedad india contemporánea como un país semicolonial y semifeudal que exige una Revolución de Nueva Democracia, una transición ininterrumpida al socialismo a través de una Guerra Popular Prolongada y al servicio de la Revolución Proletaria Mundial. Así, la camarilla Sonu-Satish no solo entregó información, ubicaciones y direcciones de aparatos secretos, revelando las identidades de dirigentes y cuadros, sino que también infundió la capitulación, la rendición y la liquidación del Partido revolucionario reconstituido con el épico levantamiento de Naxalbari y su máximo intérprete, el implacable antirrevisionista Charu Mazumdar, y con el gran sacrificio de sucesivas generaciones de jóvenes revolucionarios que dieron sus vidas para seguir al heroico combatiente del proletariado y las masas populares de India, el Partido Comunista Maoísta, y la científica Guerra Popular Prolongada. Los traidores, como la historia de la humanidad ha dictado durante milenios, muchas veces mueren antes de morir realmente.
Toda revolución verdadera se enfrenta a situaciones de dificultades indescriptibles, como lo demuestra la experiencia histórica de las sociedades de clases, y todos los reveses, deben ser objeto de un estudio serio para extraer nuevas lecciones. Para la Revolución India, tal revés solo confirma la validez de la ideología Marxista-Leninista-Maoísta, el Programa y la Línea Política General del PCI (Maoísta). Los capitulacionistas liquidacionistas de derecha también tienen sus seguidores internacionales que tergiversan fingiendo apoyar al PCI (Maoísta), cuando, en la práctica, atacan su análisis científico marxista-leninista-maoísta de la sociedad india y de su vía de de Guerra Popular Prolongada.
El gobierno fascista de Modi vocifera como si hubiera destruido la Revolución India. Delira, como todos los oportunistas desvergonzados y disfrazados. El 30 de marzo, Modi declaró que el país está «libre del maoísmo». No obstante, es bien sabido que las raíces de la lucha revolucionaria en el país son profundas, sus contradicciones antagónicas son más agudas que nunca y la lucha de clases no cesa. Los propios analistas reaccionarios indios reconocen que el maoísmo está fuertemente arraigado en las comunidades adivasisy otras masas empobrecidas en el campo y en la ciudad, y por muy duro que haya sido este golpe para el PCI (Maoísta), no puede eliminar las bases del movimiento, y mucho menos los comités del Partido y sus dirigentes de inquebrantable determinación comunista. El propio gobierno, cínicamente, al declarar «victoria total», reconoce que todavía hay miembros de la alta dirección maoísta activos en las zonas guerrilleras, así como otros dirigentes regionales en Dandakaranya, y que hay numerosos guerrilleros activos en Bastar. Los analistas militares de la reacción reconocen que los maoístas cambiaron su modus operandi, pasando de grandes compañías a pequeños destacamentos, para revertir la crítica situación a la que llegó la lucha revolucionaria debido a la cobarde traición de la camarilla informante de Sonu-Satish.
La lucha antiimperialista, que es la base misma de la Revolución Proletaria Mundial, tiene como dirección al movimiento proletario internacional, presente en todos los países, y a los Partidos Comunistas en desarrollo, en reconstitución y constitución. Estas dos corrientes que la conforman están a la vanguardia de las Revoluciones de Nueva Democracia en los países oprimidos por el imperialismo, la inmensa mayoría de los países y la enorme mayoría de sus poblaciones, y de la Revolución Socialista en los países imperialistas. La Revolución India, así como las Guerras Populares en Perú, Turquía y Filipinas, unen en una misma lucha las dos corrientes en sus respectivos países. Se trata de luchas antiimperialistas, dirigidas por el proletariado, que contribuyen a que el maoísmo se imponga como mando y guía de la Revolución Proletaria Mundial. En este sentido, las luchas antiimperialistas más avanzadas, que trabajan codo con codo en la construcción y el desarrollo del frente único de las clases trabajadoras, tanto del campo como de la ciudad, la pequeña y la mediana burguesía, y las naciones oprimidas por la agresión bélica imperialista en sus brillantes luchas por la liberación nacional, como lo ejemplifican y heroicamente hacen Palestina e Irán, requieren, por tanto, el máximo apoyo. Apoyar la Revolución India, al Partido Comunista de India (Maoísta) y su Guerra Popular, así como las guerras de resistencia nacional palestina e iraní, es la tarea más importante para todos los internacionalistas y antiimperialistas del mundo.
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La Nación Iraní ratifica lo que el pueblo palestino, de forma tan magistral, heroica y contundente, demostró con el Diluvio de Al-Aqsa: el imperialismo es un tigre de papel, tesis maoísta totalmente válida tanto en el pasado como a día de hoy. La guerra de agresión, con la que Trump juró someter a la República Islámica de Irán en dos semanas, ya ha durado más de un mes, y los resultados, tanto militares como políticos, son terribles para los yanquis y para los nazi-sionistas; son fracasos y derrotas humillantes. Más de 950 soldados yanquis muertos o heridos, según información publicada por el portavoz de la Guardia Revolucionaria de Irán y la prensa local. La tan cacareada “supremacía aérea” yanqui ha demostrado ser un mito y un fiasco que expone todas sus debilidades de tigre de papel a los ojos de los oprimidos de la Tierra. La Resistencia Iraní abatió un avión radar AWACS E-3, estimado en 1.400 millones de dólares; tres drones MQ-9 Reaper, aviones cisterna de reabastecimiento en vuelo y dos F-35 furtivos de EE. UU., con un costo aproximado de decenas de millones de dólares cada uno; tres drones de inteligencia sionistas Hermes-900; y un dron sionista IAI Eitan, considerado de alto valor estratégico, con un costo aproximado de 35 millones de dólares. Esto solo en los últimos días, sin mencionar la anulación casi completa de su Cúpula de Hierro.
La estrategia yanqui y sionista de decapitar a los dirigentes de la República Islámica de Irán para desestabilizarla, y así imponer su capitulación y un cambio de régimen que la convierta en un vasallo, como tantos otros en la región, fracasó rotundamente. Más de 40 cuadros iraníes, que ocupaban puestos de dirección, fueron ejecutados por la maquinaria de agresión, entre ellos el propio líder supremo del País, Ali Jamenei, así como el ministro de Defensa, el comandante de la Guardia Revolucionaria, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad, el líder de seguridad nacional, varios generales y altos oficiales. Sin embargo, Irán superó esta estrategia agresora gracias a su capacidad para preparar con valentía a nuevos jefes que defienden la soberanía nacional innegociable.
Pasados más de 30 días, la guerra se desarrolla de la siguiente manera: Irán controla completamente el Estrecho de Ormuz, y el propio Donald Trump sugiere que no podrá arrebatárselo. El 31, declaró airadamente que los europeos deberían tomar el Estrecho ellos mismos si querían el petróleo, jactándose como si la guerra iniciada por él mismo no fuera la causa inmediata del colapso energético que causó, y para esconder el hecho de que él mismo, y el poderío militar yanqui, son inútiles contra la feroz, heroica y sagrada Resistencia de una nación y su pueblo con una historia milenaria que produjo gigantes como Ciro el Grande y Darío. Los yanquis pretenden terminar la guerra cuanto antes, siempre que haya una salida honorable, que no la hay; Irán, con una firme posición de resistencia nacional, está decidido, por el contrario, a continuar la guerra, ahora como una guerra de resistencia nacional, hasta imponer una salida humillante a los agresores y hasta que pueda establecer condiciones políticas en la región que impidan nuevas agresiones. La invasión de la isla de Kharg, responsable del 90% de la producción iraní de gas y petróleo, aunque considerada por los yanquis, solo agravaría su formidable derrota. Si bien no es difícil imaginar un éxito inmediato para los yanquis, es imposible que dicho éxito perdure, e inevitablemente conducirá a una derrota de tal magnitud que marcará un punto de inflexión radical en la realidad de la región. Irán está preparando a toda la región y sin duda, levantará un poderoso movimiento guerrillero en su defensa. Cuanto más luchen los yanquis contra Irán, y cuanto más tarden en reconocer que fueron derrotados en todos sus objetivos presentes, además de la humillación ante el mundo entero, mayores serán los altos costos políticos que tendrán que pagar y mayores los éxitos para la causa antiimperialista internacional.
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En menos de cinco años, presenciamos en Irán la tercera gran derrota estratégica del imperialismo estadounidense en sus guerras de agresión. En agosto de 2021, fueron expulsados de Afganistán, retirándose como ratas desesperadas en el aeropuerto de Kabul, aferrados a su avión C-17, totalmente cercados por masas de guerrilleros de la Resistencia Afgana, en medio del estruendo de las bombas detonadas por las masas. El 7 de octubre de 2023, sufrieron, junto con su enclave sionista, la derrota más importante de su historia en Oriente Medio, infligida por la Resistencia Nacional Palestina, en una larga campaña en la que los imperialistas yanquis y los sionistas se desenmascararon como depravados genocidas, utilizando el hambre como arma de guerra, en un territorio de 41 km de longitud, y aun así, sin lograr su objetivo: destruir la Resistencia y tomar Gaza. Ahora, en Irán, en 2026, volverá a sufrir una paliza a manos de una nación oprimida, viéndose obligada a aceptar una derrota humillante que va en contra de todos sus planes estratégicos, o a profundizar la guerra y cosechar, más adelante, una derrota aún peor que solo potenciará su inexorable declive.
¿Qué hay detrás de todos estos eventos? En primer lugar, el mundo ha entrado en un nuevo período. En él, la crisis general de la descomposición imperialista, es decir, del sistema de capital monopolista, alcanza niveles sin precedentes. La descomposición de la base económica va seguida del fracaso de todas las instituciones: la desmoralización sin precedentes de la democracia burguesa, incluso en los países que la construyeron con revoluciones patrimonio de la Humanidad, pero que, en su inevitable ocaso, insistieron en mantenerse, jactándose de ser campeones de la «democracia liberal»; la falta de credibilidad de los regímenes políticos reaccionarios para manipular a las masas a fin de que acepten políticas que encarnan los intereses de las clases dominantes en detrimento de las suyas; la elevación de la explosividad de las masas, movimientos de masas en ascenso en todos los continentes con un grado aún mayor de violencia y radicalismo; el crecimiento de la extrema derecha y el auge del fascismo, como medidas contrarrevolucionarias para estabilizar el régimen en descomposición; el aumento de la competencia entre potencias y superpotencias, crecimiento de las guerras de agresión y el creciente peligro de una nueva y tercera guerra mundial, todo por salvar el sistema de explotación vencido por las leyes de la historia y frenar la abrumadora rebelión de los oprimidos. Esto, por un lado. Por otro lado, la tendencia hacia la unificación del Movimiento Comunista Internacional y el resurgimiento de grandes oleadas antiimperialistas en respuesta a la agresión armada contra los pueblos y naciones oprimidas. Son muestras de un nuevo período en el que, mediante la fuerza de las luchas armadas antiimperialistas, las persistentes Guerras Populares en Perú, India, Filipinas y Turquía, y otras nuevas que se van a desencadenar, incrementadas por la Resistencia Nacional Palestina, la Resistencia Yemení y la Resistencia Iraní, la ofensiva contrarrevolucionaria general del imperialismo yanqui, en declive, transita hacia su bancarrota histórica e irremediable. Estamos, y se comprueba cada día, en el siglo de la victoria de la Revolución Mundial, con el barrimiento del imperialismo, de toda reacción y de todos sus horrores de la faz de la Tierra. ¡Es cuestión de tiempo!




