Por Maritza Ramirez

Durante mayo de este año, el Remanso 1, barrio ubicado en la localidad de Bosa en Bogotá, fue noticia nacional. Las cerca de 500 personas iban a ser desalojados de sus casas. Aunque gracias al actuar de sus habitantes, acompañados de activistas y organizaciones populares, lograron que el desalojo fuera suspendido en dos fechas (mayo y julio de este año), la zozobra continúa ya que la nueva fecha de desalojo está prevista para febrero de 2027.
Un barrio construido con las manos
Al igual que cientos otros en el país, El Remanso 1 es un barrio popular construido por sus propios habitantes. Ladrillos, cemento y todos los materiales fueron comprados con salarios que difícilmente llegan al mínimo y deudas de todo tipo. Cada muro, cada cuarto, cada casa, fue levantada con las manos de padres, hijos y tios. Como tantos barrios, éste es fruto del esfuerzo constante de un pueblo trabajador y luchador.
El Remanso es un barrio pobre de Bogotá, ubicado en el extremo sur occidental, en la localidad de Bosa. A horas del centro de la ciudad, sus calles no han sido pavimentadas y no hay parques ni hospitales en el sector. Sin embargo, es el hogar y la mayor riqueza de quienes en él habitan, así como la única seguridad de vivienda para familias enteras, más de la mitad de ellas encabezadas por mujeres, y la única seguridad de vejez para sus adultos mayores.
El barrio lleva 16 años y la mayoría de sus habitantes cuenta que compró su terreno con los ahorros de toda la vida, recibió un papel que parecía legal y pagó durante años el impuesto predial a su nombre; así mismo instaló y pagó servicios públicos todos estos años. Aun así, el terreno aparece a nombre de una gran empresa llamada Sotrandes que amenaza con desalojarlos y dejarlos en la calle.
Ante este panorama, la alcaldía únicamente prometió un subsidio de un par de meses de arriendo, pero todos saben que aun llegando ese dinero, perder sus casas significa quedar en la calle. La angustia es tanta, que los vecinos ven en esta situación la causante de la muerte de dos personas del barrio en medio del creciente conflicto.
Sotrandes pretende sacarlos
Sotrandes es una empresa que inició con el negocio de transporte de pasajeros en Bogotá en los 70’s y en la actualidad sus dueños tienen empresas que operan dentro del sistema Transmilenio. Es decir, hacen parte del gran capital del país y se lucran del miserable transporte público de la capital que recibe el odio de sus habitantes por robarse horas diarias de vida y más del 10% del salario, mientras ofrece un servicio indigno. Adicionalmente, también operan en transporte de mercancías, así como en transporte de pasajeros en Perú y México
Los dueños de Sotrandes, como típicos ejemplares de la gran burguesía, desprecian la vida del pueblo. A pesar de que durante estos 16 años no han necesitado estos predios para seguir acumulando y acrecentando sus capitales, presionan para que el Estado deje sin casa ni futuro a un barrio entero.
Como parte de la solución, algunos proponen que la Alcaldía compre el terreno, pagando un porcentaje del avalúo comercial, para adjudicárselo a las familias. Este mecanismo está amparado por la ley y ha sido utilizado previamente en Bogotá en el caso del Barrio Maria Paz que en 2017 fue legalizado por el entonces alcalde Enrique Peñaloza. Ségún Sotrandes, el predio vale $8.000 millones, pero otros aseguran que vale $2.500 millones.
Con desalojo o con compra, Sotrandes gana.
¿Cual es la alternativa de vivienda para los pobres de la ciudad?
La vivienda es una necesidad vital, aun así, para el pueblo trabajador no es un derecho. Y si hay programas de vivienda, las constructoras y bancos deben lucrarse mientras ofrecen viviendas indignas. Cabe recordar el caso del IUPAC, con el que Luis Carlos Sarmiento Angulo como dueño del Grupo AVAL se volvió el más grande millonario del país cobrando intereses que superaron el costo de las viviendas a sectores de la clase media en los 90’s; o los proyectos urbanísticos de Bosa porvenir en Bogotá que sufrieron por años las inundaciones del rio Bogotá por problemas en su diseño y construcción. Aun así, los programas de vivienda son prácticamente inexistentes: el último programa de vivienda gratuita en Colombia fue en 2013 y los programas de vivienda subsidiada son inaccesibles para los sectores más populares por los requisitos y ahorros con los que deben contar para postularse.
La alternativa histórica que ha tenido el pueblo ha sido la toma de terrenos para autoconstruir. Ese ha sido el origen de la mayor parte de los barrios populares, que surgieron en medio de la lucha por vivienda. Sin embargo, algunos de esos barrios tuvieron que tomar terrenos de ladera o a los bordes de ríos y quebradas, y ahora el Estado los desaloja (o lo intenta), como ocurre con el Plan Jarillón en Cali, o el reciente caso del barrio Manrique en Medellín . En otros casos, aparecen dueños poderosos capaces de hacer demolerlos, como en El Remanso 1 en Bogotá.
Si no es por la vía de la toma de terrenos para construir, las familias trabajadoras se ven obligadas a pagar arriendos que se llevan entre el 50 y el 65% del salario. Y cada vez son más quienes deben hacerlo: en los últimos 20 años las familias que viven en arriendo pasaron del 31 al 40% y el año pasado por primera vez el porcentaje de quienes viven en arriendo fue mayor que el de quienes viven en casa propia. El resultado es el mayor empobrecimiento de las familias populares, muchas obligadas al total hacinamiento.
Sin programas para vivienda propia, sin salarios suficientes para pagar arriendos y expulsando de los hogares a quienes construyeron sus propias casas, el Estado está despertando cada vez más la necesidad de la lucha por vivienda popular.
Este panorama de vivienda es claro para el pueblo trabajador y en El Remanso no es la excepción, aferrarse a sus casas es la más lógica necesidad y ha sido la motivación para emprender su lucha.
El Remanso 1 sigue resistiendo
Ante la amenaza de desalojo, el barrio no se ha quedado quieto, se ha venido organizando y está luchando. Es así como el 6 de mayo de este año, cuando estaba programado el primer intento de desalojo, los habitantes organizaron barricadas y protestas, así como una defensa jurídica, hasta lograr un primer aplazamiento.
Su lucha no paró allí, también fueron a protestar a la plaza de Bolivar y han mantenido actividades comunitarias para fortalecer sus lazos, generar mayor solidaridad en otros habitantes de la zona y difundir su problemática. Todo esto permitió un segundo aplazamiento del desalojo. Sin embargo, la amenaza continúa y por lo tanto también su lucha. Es por esto que los habitantes han seguido realizando actividades para fortalecer su organización, e igualmente hacen un llamado a otros sectores del pueblo a solidarizarse con su lucha.
El ejemplo de El Remanso muestra el camino para defender los barrios, defender al pueblo.
¡No al desalojo de El Remanso 1!




