
Los primeros dos meses del nuevo gobierno, evidencian la aplicación servil, por parte del lacayo Abelardo De La Espriella, de los planes del imperialismo yanqui para Colombia y América Latina.
El sistema imperialista se encuentra en medio de una crisis general, y EE.UU. como potencia hegemónica se encuentra en el epicentro de la crisis mundial. Tiene una deuda pública de más del 100% de PIB, mientras su Estado tiene un déficit fiscal cercano al 6%, y las proyecciones indican que ambos indicadores negativos, continuarán creciendo en la próxima década. El costo del endeudamiento (intereses) también aumenta, y el Estado yanqui se ve obligado a garantizar nuevas fuentes de ingresos (principalmente fuentes de saqueo en las colonias y semicolonias), para evitar el deterioro fiscal estructural. Al mismo tiempo, debe cuidar su economía doméstica y prevenir una recesión económica: que sus mercancías se sigan vendiendo en todo el mundo, evitar el incremento del desempleo de su población y mantener los niveles de consumo. El problema de la “financiarización” de la economía yanqui, es decir, la mayor especulación, genera burbujas financieras que pueden estallar en cualquier momento, como podría llegar a ocurrir con la burbuja financiera en torno a la IA, arrastrando a la quiebra a grandes compañías tecnológicas, bancos y Estados.
Para tratar de mantener su hegemonía y contener la crisis, el imperialismo yanqui somete a los países oprimidos del tercer mundo, a un mayor saqueo, explotación y opresión. Las recientes agresiones militares de EE.UU. contra Venezuela e Irán, así como la injerencia política, cada vez más abierta y descarada, en todos los países dominados, montando gobiernos abiertamente lacayos para garantizar sus intereses económicos y políticos, son expresión de su situación económica y política actual, y hacen parte de sus intentos desesperados por no hundirse en una crisis económica más profunda y aguda. Pero con lo anterior, en contra del imperialismo se generan luchas de liberación nacional cada vez más amplias, conscientes y combativas, como por ejemplo, las guerras de liberación nacional en medio oriente, donde destaca la heroica Resistencia Nacional Palestina.
En ese contexto de crisis, la pugna entre las potencias imperialistas por el reparto del mundo se intensifica, al punto de que los preparativos para una posible tercera guerra mundial, están más presentes en los planes de todos los países imperialistas, particularmente de EE.UU. Los recientes documentos Estrategia de Seguridad Nacional y Estrategia de Defensa Nacional, del imperialismo yanqui, plantean la pugna abierta e intensa contra el imperialismo chino, así como los preparativos de la guerra por el dominio de la región del Indo-Pacífico. La punga por las cadenas de suministros es cada vez más hostil: combustibles, minerales estratégicos, tierras raras, rutas de comercio, están en la mira de las potencias imperialistas.
Las clases dominantes descargan sobre los hombros del pueblo trabajador, el costo y las consecuencias de la crisis. Ante lo cual se generan grandes protestas en todo el mundo contra los recortes a los derechos del pueblo, contra el detrimento de las condiciones de trabajo y subsistencia, y contra el alza de los impuestos y del costo de vida. Las grandes protestas juveniles en Francia, la lucha por vivienda en España, la lucha de los estudiantes en India y Chile, entre otras, son solo algunos ejemplos de los últimos meses.
Esta situación mundial de crisis, ocasiona no solo mayor explotación y opresión por parte de los imperialistas, sino también mayor rebelión por parte del pueblo. La tendencia a la revolución es una preocupación de gran importancia para el imperialismo yanqui, que sabe que las épocas de crisis y de guerra, atizan la hoguera de la revolución proletaria mundial que nunca pudieron apagar. En el mes de julio, el secretario de Estado yanqui, Marco Rubio, reunió a más de 60 delegados de diferentes países para exponer su preocupación por el “resurgimiento del terrorismo político” y de la “extrema izquierda”. Comunistas, anticapitalistas, antiimperialistas, antifascistas, anarquistas, ambientalistas radicales, y otras tendencias, fueron declarados como peligros a combatir por el imperialismo yanqui. Todos los países lacayos de EE.UU. deberán articular sus aparatos de inteligencia para perfilar y atacar las organizaciones populares, democráticas y revolucionarias que se oponen a los planes del imperialismo norteamericano.
América Latina y Colombia
De todo lo anterior se desprenden los planes del imperialismo yanqui para América Latina, los cuales contemplan un mayor control y saqueo de recursos estratégicos, como por ejemplo las tierras raras y el petróleo; mayor control sobre todo el territorio y toda aquella infraestructura crítica, como por ejemplo el Canal de Panamá; mayor injerencia en la política de todos los países dominados, montando gobiernos plenamente subordinados a los intereses de Washington, e impulsando formas de gobierno cada vez más orientadas hacia el fascismo; mayor control sobre las Fuerzas Armadas de los países dominados, a través de financiación, operaciones conjuntas, tratados de “cooperación” militar, y todo tipo de “acuerdos” para que las Fuerzas Armadas de los países latinoamericanos, estén plenamente orientadas por el mando militar yanqui, siendo el brazo armado que garantice el saqueo, el control del territorio, la represión de la protesta popular y la contención del movimiento revolucionario.
En la segunda reunión del Escudo de las Américas, Trump orientó a sus miembros (gobiernos lacayos de América Latina), “que ayuden a proteger la enorme riqueza natural de este hemisferio. Ustedes tienen una riqueza natural tremenda, puede que en todo el mundo tengan la mayor riqueza natural, y no permitan que sea tomada por potencias externas hostiles, no podemos permitir que eso ocurra… debemos asegurar el control de nuestros propios oleoductos y gasoductos, de los elementos de tierras raras, de los corredores comerciales agrícolas, algo que ustedes saben hacer muy bien.”
Ante el actual apetito de EE.UU. por el control de las riquezas de América Latina, el vicepresidente colombiano, José Manuel Restrepo, ya ha hecho varios viajes a EE.UU. para ofertar nuestras riquezas naturales al imperialismo yanqui. En sus propias palabras, “en Colombia hay muchas oportunidades para Estados Unidos”.
Sin embargo, la economía colombiana, sometida y dependiente a las inversiones imperialistas, también se encuentra en crisis. Actualmente, Colombia atraviesa uno de los peores déficits fiscales de las últimas décadas, mayor al 7% del PIB y una deuda pública que llega al 60% del PIB y que compromete el 25% del Presupuesto del 2027; también ha perdido la confianza inversionista de los capitales extranjeros, con una caída de la Inversión Extranjera Directa del 33,2% en los últimos 4 años; y a lo anterior se suma la rebaja de la calificación crediticia por parte de las agencias del gran capital financiero internacional.
Lo anterior significa en palabras más sencillas: que el Estado colombiano no tiene recursos suficientes para su funcionamiento, que los grandes capitales extranjeros no están viniendo a Colombia como en años anteriores, y que los grandes bancos internacionales consideran que, prestarle dinero al Estado colombiano, es más riesgoso que años atrás. El gobierno de Abelardo, sirviendo al imperialismo yanqui, tiene la tarea urgente de revertir esta situación, reimpulsar el capitalismo burocrático, es decir la penetración de capitales imperialistas en alianza con los capitales de la gran burguesía y los terratenientes colombianos, para saquear nuestras riquezas naturales y explotar a nuestra gente trabajadora.
En ese contexto, se enmarcan las principales medidas económicas que ha impulsado Abelardo, en los dos meses que lleva de gobierno:
- Derogación de decretos de protección ambiental del páramo de Santurbán, apetecido desde hace décadas por multinacionales mineras.
- Firma de un “Marco de cooperación sobre tierras raras y minerales críticos” con EE.UU.
- Reimpulso de Ecopetrol centrada en hidrocarburos para lo cual se utilizará el fracking.
- Solicitud de crédito al Fondo Monetario Internacional (FMI) y sometiendo al país a los paquetes de ajuste y lineamientos económicos impuestos por esta entidad.
- Anuncio de la “Ley de rescate”, con la cual se buscará el recorte de gastos del Estado, recorte de la inversión social, y ajustes tributarios.
Otro problema de gran importancia, que tiene Colombia para servir a las necesidades del imperialismo yanqui, es la situación de orden público y seguridad. Para impulsar el saqueo, Abelardo necesita recuperar el control del territorio nacional a través de la militarización. Bajo la fachada de la lucha contra el “narcoterrorismo”, Abelardo busca combatir a los grupos armados, y especialmente a las insurgencias, que son una piedra en el zapato de la inversión extranjera que busca explotar las grandes riquezas nacionales.
Ante el estrepitoso fracaso de la “Paz Total” del gobierno Petro, ahora tendremos un nuevo gobierno guerrerista que promete acabar con los grupos armados ilegales a través de la fuerza. Historia repetida varias veces, durante los más de 60 años de conflicto armado colombiano, donde los procesos de paz y las arremetidas guerreristas se han alternado, como dos caras de una misma moneda: la guerra de los ricos contra el pueblo. Históricamente, tanto las falsas promesas de paz, como la militarización, han fracasado rotundamente, una y otra vez, pues nunca apuntan realmente a la raíz del problema: el latifundio, la propiedad de la tierra y el despojo de millones de campesinos.
Abelardo afirma que no negociará con ningún grupo ilegal, que todos serán tratados como “terroristas” y que quienes no se sometan serán dados de baja. Así ruge “el tigre” (de papel), con su pistola en la cintura y caminando entre cadáveres en bolsas blancas, de personas abatidas en varios bombardeos, como un auténtico capataz de hacienda semifeudal, que cuida obedientemente los intereses de su patrón, el imperialismo yanqui, en territorio colombiano.
Para cumplir con la política de militarización de toda América Latina, orientada por el imperialismo yanqui, bajo la fachada de la guerra contra el “narcoterrorismo”, el gobierno de Abelardo ha aplicado las siguientes medidas en sus primeros dos meses:
- Vinculación al Escudo de las Américas.
- Firma de acuerdos militares y de inteligencia militar con EE.UU. e Israel.
- Continuación de los bombardeos, que ya venían desde el anterior gobierno de la “paz total”.
- Ofensiva militar contra las llamadas “economías ilícitas”, es decir contra los cultivos de coca y la minería “ilegal”. Atacando indiscriminadamente la subsistencia de miles de campesinos pobres y pequeños mineros.
- Anuncio de un nuevo Estatuto Antiterrorista que, entre otras cosas, permite acusar y enjuiciar como «terroristas», más fácilmente, a aquellas fuerzas populares que se opongan al saqueo, la militarización y la mayor explotación.
- Enaltecimiento de las Fuerzas Armadas, lavando su imagen de asesinos, elevando su moral para que cumplan los planes del imperialismo yanqui e infundir temor y dar carta libre a su función represiva.
Los planes de Abelardo, y en general los planes del imperialismo yanqui, desencadenan justa resistencia popular ante el saqueo y la explotación. Las banderas antiimperialistas y antifascistas, son levantadas, de nuevo y ampliamente, por el movimiento popular colombiano. Los temores del imperialismo yanqui, respecto a la creciente tendencia hacia la revolución en todo el mundo, también se especifican en Colombia: Abelardo tiene la tarea de contener la creciente protesta popular y evitar el fortalecimiento de los movimientos y organizaciones populares, democráticas y revolucionarias en nuestro país. Por ello, en sus primeros dos meses, ha atacado al movimiento estudiantil, que de momento ha sido el sector de la sociedad que más activamente ha denunciado los planes, vendepatria y represivos, del nuevo gobierno. Y luego, ante el llamado a las primeras movilizaciones nacionales, convocadas por el movimiento popular en su conjunto (centrales obreras, organizaciones indígenas, estudiantiles, etc.), Abelardo ha contraatacado con un decreto para “regular la protesta popular”, es decir, para limitar la protesta y facilitar la represión por parte de la Policía.
Así pues, los primeros dos meses del gobierno lacayo de Abelardo, muestran su carácter como gobierno al servicio del imperialismo yanqui. En el contexto de la crisis general del imperialismo, del declive del imperialismo yanqui y su creciente pugna con el imperialismo chino, el gobierno de Abelardo es un gobierno para garantizar un mayor saqueo de nuestras riquezas naturales, un mayor control militar de nuestro territorio, una mayor sujeción de las Fuerzas Armadas colombianas al mando yanqui, y una mayor contención y represión de la protesta popular y del movimiento revolucionario, en un momento de auge de la protesta popular y de la creciente tendencia a la revolución en todo el mundo.




