
El pasado 7 de enero, luego de unas importantes jornadas de movilización en todo el país en rechazo a la agresión del imperialismo yanqui a Venezuela y en defensa de la soberanía nacional, Gustavo Petro realizó un discurso donde cambió el tono más “confrontativo” con el que se venía manifestando públicamente, optando por uno más conciliador ante las intimidaciones yanquis y complaciente ante sus exigencias.
El cambio de tono del discurso de Petro se dio tras hacer una llamada con el archirreaccionario Donald Trump en la que hablaron sobre Venezuela y el narcotráfico, dos de los temas más importantes que el imperialismo viene impulsando para intervenir y someter aún más a las naciones oprimidas de América Latina. Petro mostró esta llamada como un gran logro diplomático y leyó la publicación de Trump en la que dice “agradecí su llamada y su tono, y espero reunirme con él próximamente”. Además, hizo una especie de rendición de cuentas a Trump en donde enlistaba sus “triunfos” en la lucha contra las drogas y se comprometió dócilmente con los gringos a seguir dando resultados. De esta manera Petro dio por concluidas las semanas de tensiones diplomáticas entre el gobierno colombiano y el estadounidense.
En su discurso Petro se abstuvo de criticar a Trump, quien recientemente realizó declaraciones hostiles en las que lo acusa de “enfermo y líder del narcotráfico” y amenazó directamente con una operación militar en Colombia similar a la realizada en territorio venezolano. En su lugar, viene enfilando su arsenal contra dos blancos: la oposición y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
A la oposición de la ultraderecha la acusó de “engañar” a Trump para ponerlo en su contra y vincularlo con el narcotráfico. En cuanto al ELN, en sus recientes declaraciones los ha señalado como uno de los principales obstáculos para la paz en Venezuela, replicando así el mismo discurso reaccionario yanqui del “narcoterrorismo” al acusarlos de “traquetos”, de ser “el mayor factor de violencia entre Colombia y Venezuela” y negando el carácter político de esta guerrilla.
En lugar de denunciar el creciente intervencionismo gringo en la región el gobierno colombiano acudió al imperialismo pidiendo apoyo a Trump para combatir a los grupos guerrilleros presentes en la frontera colombo-venezolana. Según declaraciones del ministro del interior Armando Benedetti: “hay una orden de atacar con toda la dureza al ELN en toda la frontera. Que la retaguardia que tenía en Venezuela ya no la tiene, entonces es posible hacer unas acciones militares mucho más audaces y prometedoras”. Estas declaraciones se alinean plenamente con el discurso contrainsurgente yanqui y sus planes imperialistas en la región profundizando así su dominio militar sobre las naciones latinoamericanas.
Sobre la situación actual en Venezuela llamó a evitar que la violencia se desate en el país y afirmó que habló con la presidenta encargada Delcy Rodríguez y propuso un diálogo tripartita entre Venezuela, Colombia y Estados Unidos, defendiendo una “salida política al conflicto”, tal como lo vienen promoviendo otros gobiernos oportunistas en la región como Lula en Brasil, Boric en Chile y Sheimbaum en México.
Rápidamente han surgido respuestas y comentarios a estas polémicas declaraciones de Petro y sus funcionarios. En redes sociales se han difundido dos publicaciones de Petro en la red social X donde se evidencia el contraste en sus posiciones. Primero publica un post en donde se ve, entre otras cosas, un Jaguar pisoteando a un águila, siendo el jaguar la representación de Colombia y el águila la representación del imperialismo yanqui. Y después de la llamada con Trump, Petro publica un post con la imagen de un jaguar y un águila de una forma más amigable, como en una especie de abrazo en señal de “unidad y reconciliación”, algo imposible entre una nación oprimida como Colombia y una superpotencia imperialista como Estados Unidos.


Por otra parte, sectores del movimiento popular vienen denunciando el actuar conciliador del gobierno. La cuenta de Instagram @es_ahora_col escribió que “Petro vuelve a desempeñar su papel predilecto: el apagafuegos de la lucha popular. Cuando la calle se enciende, cuando el pueblo se anima, cuando parece posible empujar una transformación profunda, él convoca, enciende ánimos, alimenta esperanzas… para luego sentarse a negociar con los mismos poderosos de siempre, enfriar la movilización y pedir calma en nombre de supuestos acuerdos. Así, la inconformidad social termina convertida en herramienta útil para reposicionar a los de arriba una vez más” y afirma que este espectáculo no hace más que fortalecer a Trump y rescatar políticamente a Petro en medio de la crisis”. Junto al comunicado se difundió el registro fotográfico de una acción realizada en la ciudad de Cúcuta, fronteriza con Venezuela, donde se colgó una tela con el mensaje “guerra entre clases, paz entre pueblos”.

Desde el inicio de su mandato Petro ha demostrado una fuerte incongruencia entre su discurso aparentemente “antiimperialista” que ha contrastado con la sumisión y complicidad con que en los hechos ha actuado en sus relaciones con los reaccionarios gobiernos estadounidenses, primero con la administración de Biden y ahora con la de Trump. La actitud conciliadora de los gobiernos oportunistas en Colombia y América Latina frente a la agresión imperialista a Venezuela y el creciente intervencionismo militar en el continente ha sido diametralmente opuesta al ejemplo de la heroica Resistencia Nacional Palestina, quien conformó un poderoso frente con las diversas fuerzas antisionistas de la nación e impulsó la lucha armada por la liberación nacional y la expulsión del invasor.
