por Antonio Gómez

Desde hace aproximadamente tres semanas, tienen lugar en Bolivia una serie de protestas populares masivas contra el actual gobierno encabezado por Rodrigo Paz Pereira.
Encabezando su campaña presidencial con el lema «Dios, patria y familia», el derechista Paz prometió al pueblo boliviano aplicar medidas para salir de la crisis socioeconómica: «no más colas por gasolina» se escuchaba en sus discursos.
En un transcurso de seis meses de gestión, su práctica ha revelado estar al servicio de los sectores más ricos del país, eliminando impuestos a las grandes fortunas, a las transferencias financieras, al juego y a las promociones empresariales.
También, uno de los catalizadores directos de la protesta fue la propuesta de reforma rural, por la cual, la pequeña propiedad se categoriza como mediana.
Se vendió esta medida como una forma en que el campesinado pueda acceder a créditos.
En realidad, las organizaciones populares campesinas denuncian que busca promover la venta de tierras a grandes propietarios. Una primera victoria de la movilización popular fue la desestimación de esta regresiva reforma.
Otra reivindicación importante ha sido el alza de salarios. Consigna particularmente relevante en un momento en el que la inflación golpea a las clases populares: Bolivia terminó el 2025 con una inflación del 20%. Los maestros han avanzado ya en el logro de un bono, pero el grueso del pueblo boliviano sigue luchando para un aumento salarial en cada sector.
Además, la eliminación del subsidio a la gasolina, su consecuente alto precio y la mala calidad del producto que ahora se vende es otro motivo de malestar popular.
Manifestantes denuncian que la gasolina que se vende en el país daña los motores de sus vehículos. «No sabemos si nos están vendiendo gasolina o coca-cola», afirma un manifestante en entrevista para el canal ruso RT.
El imperialismo yanqui ha cerrado filas en torno al actual presidente, justificando y apoyando la represión a las protestas a través de uno de sus portavoces, el secretario de Estado, Marco Rubio: «Que no quepa duda: Estados Unidos apoya plenamente al Gobierno constitucional legítimo de Bolivia», afirmó.
El domingo 24 de mayo, el manifestante Victor Cruz Quispe, de 24 años, fue asesinado por la policía boliviana. El gobierno sólo admitió este crimen por la presión popular, un día después de haber ocurrido. Según la información disponible, hasta el momento son 4 las personas que han sido asesinadas y al menos 20 han sido detenidos.
Cortes de rutas, marchas masivas hacia la ciudad de la Paz, plantones en la principal sede de gobierno, el Palacio Quemado han sido las principales tácticas movilizatorias. Además la defensa del pueblo contra la represión del viejo Estado boliviano ha tomado diversas formas, siendo una de esas, el actuar de diferentes milicias populares . El pueblo promete no permitir la paz del gobierno que lo oprime hasta que renuncie.





