Por: Benjamín.
El pasado lunes 20 de julio, se conmemoraron 216 años del Grito de Independencia. Colombia libró las heroicas batallas por la independencia nacional contra la corona española entre 1810 y 1819, logrando, a través de una guerra de campesinos, indígenas, negros, artesanos, intelectuales patriotas y demás sectores populares, acabar con el dominio colonial español. Sin embargo, debido a las limitaciones de las clases sociales que dirigieron la guerra de independencia, es decir comerciantes y terratenientes descendientes de españoles, la sociedad colombiana pasó a ser dominada por Inglaterra, potencia capitalista que apoyó la causa independentista, pues le convenía que las colonias de América Latina se liberaran de España para poder extender su área de influencia, obtener materias primas, productos agrícolas, vender sus manufacturas, etc. Así, aunque formalmente Colombia pasó a ser una nación independiente, poco a poco fue siendo sometida por Inglaterra, convirtiéndose en semicolonia suya. Luego entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, EE.UU. emergió como potencia mundial imperialista y paulatinamente le arrebató a Inglaterra su influencia sobre las semicolonias americanas, así cambiamos de amo. Pasamos de ser semicolonia inglesa a estadounidense, y esa condición de semicolonia es, hasta nuestros días, parte estructural de nuestra realidad nacional.
En ese contexto, miles de personas salieron a las calles de diferentes ciudades del país, para conmemorar el triunfo de la guerra de independencia contra el yugo español, pero al mismo tiempo para levantar las banderas de la lucha antiimperialista contemporánea, por una completa soberanía nacional en contra del imperialismo principalmente yanqui. A continuación, un breve reportaje de la movilización en la ciudad de Medellín.
Durante la marcha se evidenció la fuerte influencia del petrismo sobre el movimiento popular, con varias consignas provenientes del saliente gobierno “progresista”, como el llamado a la “desobediencia civil” ante el nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella, gobierno de la extrema derecha, que comenzará el próximo 7 de agosto. También había decenas de carteles de agradecimiento a Petro por las reformas que intentó su gobierno. Gran influencia institucional dentro del movimiento popular, que refleja la ilusión sembrada en el camino burocrático, es decir la ilusión en que a través de las instituciones del Estado (congreso, presidencia, alcaldías, gobernaciones, etc.,); a través de la llamada “democracia” (votar cada 4 años); y en el marco y límites permitidos por la constitución y sus leyes, se pueden llegar a resolver los problemas estructurales del país y del pueblo trabajador.

Sin embargo, también la marcha evidenció el profundo odio de clase del movimiento popular colombiano contra la extrema derecha y el nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella, quien ganó las elecciones presidenciales enarbolando las políticas de seguridad, “lucha contra el crimen”, “mano dura contra la delincuencia”, prometiendo la instauración de un gobierno al estilo Bukele en El Salvador, y en materia económica prometió aplicar la “motosierra” al estilo de Milei en Argentina. Abelardo tuvo el apoyo y respaldado de Trump para ganar las elecciones, injerencia abierta y descarada del imperialismo yanqui en la soberanía nacional, como lo ha venido haciendo en varios países.
Aunque Abelardo aún no ha comenzado a gobernar, y de momento sus políticas y planes aún no han pasado del discurso electoral a la realidad, ya en el movimiento popular se levantan con fuerza las banderas antiimperialistas, antifascistas, por la defensa de los derechos del pueblo, entre otras. Consignas de lucha y resistencia contra los planes del nuevo gobierno de Abelardo y del imperialismo yanqui. Planes de aumentar la represión contra el pueblo y contra la protesta popular (Abelardo ha dicho que “destripará a la izquierda” y que si un manifestante ataca a la fuerza pública deberá ser “dado de baja”). Planes de sincronizar a Colombia con las necesidades del imperialismo yanqui en su lucha por la hegemonía mundial contra el imperialismo chino, profundizando el sometimiento de toda América Latina. Planes de descargar la crisis económica y el histórico déficit fiscal sobre los hombros de las clases trabajadoras (Abelardo ha planteado la necesidad de un recorte en el gasto social, una reforma tributaria, despidos masivos de las instituciones del Estado, entre otras medidas). Así pues, la pasada marcha del 20 de julio, anticipa e inaugura cuatro años de lucha del pueblo colombiano contra las políticas represivas, vendepatria y antipopulares del gobierno de Abelardo.



















