Compartimos artículo que nos hace llegar un colaborador con motivo del natalicio de la revolucionaria María Cano
por Colaborador Nueva Democracia

Hace 139 años nació María de los Ángeles Cano Márquez mejor conocida como “La flor del trabajo”, fue pionera en la lucha sindical, política y revolucionaria en el país. Su papel histórico y las luchas que llevó, deben ser un ejemplo de perseverancia y de servicio a las clases oprimidas, como también del compromiso de la lucha femenina. Celebrar el natalicio de María Cano, sus contribuciones, su compromiso con el bienestar de las masas, su combate al imperialismo yanqui, es una tarea vigente de cara al fortalecimiento del movimiento revolucionario en nuestra nación oprimida.
Primeros Años
María nació en el seno de una familia liberal antioqueña, fue la séptima de ocho hermanos, su padre Rodolfo Cano fue un educador, intelectual y librepensador colombiano. Primo hermano de Fidel Cano (fundador de El Espectador), inculcó en su hija ideas liberales radicales, el amor por la lectura y un profundo sentido social. Fue familiar de Tomás Uribe Márquez, uno de los más importantes líderes sociales y políticos de la época, fue también quien le inició en la lectura de los principales autores del marxismo, y de los procesos revolucionarios de la región y el mundo. Desde muy joven mostró interés por las letras y el pensamiento universal.
Contexto histórico y el papel de la mujer en la sociedad colombiana
María nació durante el triunfo de la regeneración encabezada por Rafael Núñez y la consolidación de la constitución de 1886, un periodo turbulento marcado por la persecución de disidentes al régimen conservador y la intolerancia, el cual enfrentó dos guerras civiles y el robo de Panamá. Durante las décadas posteriores, diversos factores sentaron las bases de las transformaciones sociopolíticas del país, como la tenencia de la tierra, la irrupción de la industria manufacturera, y la respuesta de los sectores de trabajadores y organizaciones. Durante esta época aparece la intervención del capital financiero norteamericano que establecerá un modelo dependiente a los Estados Unidos.
Durante esa penetración del capital extranjero y en el marco de una Colombia empobrecida, se generaron condiciones para que la mujer se incorpore al proceso productivo, empezando por la industria textil y cervecera, para posteriormente integrarse en todas las ramas de la economía. La fuerza del trabajo femenino existía para abaratar costos de la mano de obra, cosa que produjo discriminación salarial entre mujeres y hombres. Aún si, el papel de la mujer era fundamental para la riqueza de la nación, la mujer colombiana era oprimida y su derecho a la educación prohibida, el régimen burocrático seguía viendo a la mujer con los sesgos y estigmas del machismo patriarcal, y el tradicionalismo católico que se impone en toda la sociedad. El Estado les exige los mismos deberes y obligaciones que a los hombres, pero sin los mismos derechos civiles, y frente a sus derechos patrimoniales se les consideraba como menores de edad, incapaces de manejar correctamente sus bienes, los cuales quedaban bajo la tutela de sus padres o esposos.
Es durante las primeras décadas del siglo XX que surgen los primeros movimientos antiimperialistas, como la revolución mexicana o la resistencia nicaragüense, pero uno de los eventos que más impactaron a nivel mundial, sería la Gran Revolución Bolchevique de 1917. Todos estos eventos fueron una respuesta al imperialismo, en América Latina, principalmente contra el imperialismo yanqui. Las grandes luchas y transformaciones que marcaron profundamente la vida de campesinos y proletarios a nivel mundial, al mismo tiempo inspiraron el compromiso revolucionario de María Cano.
El trabajo de María al servicio de las masas
Durante las primeras décadas del siglo XX, María desarrolló su interés por la lectura a pesar de la imposibilidad que tenían las mujeres de formarse profesionalmente. En 1921, María participó en la tertulia intelectual Cyrano, conformada por jóvenes e intelectuales que posteriormente se convertiría en una revista. En los primeros textos conocidos, María escribió bajo el seudónimo de “Helena Castillo”. Su actividad fue creciendo y colaboró con el correo liberal en 1923. Durante estas épocas María empieza a relacionarse con obreros, y conoce de primera mano sus problemas, fortaleciendo sus relaciones con las masas trabajadoras y sus familias, organizando juntas de pobres y luchando por sus reivindicaciones.
En 1924, la Junta Nacional Socialista anunció la muerte de Vladimir Lenin. En este evento María propuso un sistema de lectores-escuchas, en el cual ella misma participó de forma activa, María conoció de primera mano la realidad que enfrentan muchas familias pobres día a día, como también la preocupante situación de numerosos niños desnutridos. María se dedicó a las labores benéficas para los niños y madres empobrecidas, estas acciones le permitieron vincularse a las organizaciones obreras y sus luchas. María se dedicó con fervor al bienestar de los obreros y obtuvo reconocimiento de artesanos, obreros y sus familias. El primero de mayo de 1925, María fue nombrada “flor del trabajo” por obreros, artesanos, contratistas y maestros de obra, título que ninguna mujer había ocupado. En este año, María organizó una junta con Margarita Cano y Alicia Adarve, con la intención de analizar las condiciones laborales de trilladoras y fábricas, así como las quejas de trabajadores acerca de su situación y las comunicaciones enviadas a los empresarios y a las autoridades referentes a los problemas que afectan a la población. A través de conferencias llevó a cabo acciones para impulsar lo que se conocía como “la unión del obrerismo”, que iba de la mano con la reorganización del periódico El Rebelde. Durante el resto de ese mismo año, María hace parte del comité pro-presos políticos y sociales, como también es encargada del segundo congreso del CON (Confederación Obrera Nacional), donde es proclamada “flor nacional del trabajo”. Durante el tercer Congreso Obrero Nacional, de 1926, María Cano, Ignacio Torres Giraldo, Raúl Eduardo Mahecha, Tomar Uribe Márquez, entre otros líderes sindicales, indígenas y políticos, fundan el Partido Socialista Revolucionario (PSR), sus ejes fundamentales no fueron solo la lucha en Colombia, si no la luchas antiimperialistas en el mundo, el rechazo al robo de Panamá, y la solidaridad con otros revolucionarios en el continente.
María durante sus siete giras nacionales, viajó por el territorio utilizando todo tipo de transporte en pro de su compromiso revolucionario, participando en marchas, concentraciones, caravanas y manifestaciones. A cualquier lugar que fuera, se realizaban masivas manifestaciones alrededor del discurso de la revolución social y el establecimiento de nuevas ideas. En 1927 se desata la huelga de la empresa extranjera Troco, (Tropical Oil Company), 4.500 obreros petroleros y posteriormente miles de braceros portuarios, declaran su solidaridad con la huelga. En septiembre de ese mismo año se llama a una convención del PSR en La Dorada donde son apresados todos sus delegados incluyendo a María.
Durante su quinta gira por el departamento de Caldas, impulsa su consigna de la lucha por las tres 8 (ocho horas de trabajo, ocho de esparcimiento, ocho de descanso), con el que se abandera por el occidente colombiano. Posterior a esto, en octubre de 1927 participa en la constitución de la cooperativa tipográfica La Justicia, de la cual ella sería directora.
En los primeros meses de 1928, María realizó su séptima gira por los departamentos de la costa Atlántica. Vigilada y perseguida llegó a la zona de las bananeras, donde se asentaba la United Fruit Company. El gobierno Conservador, servicial al imperialismo yanqui, con el fin de contener las luchas sociales, dicta la “Ley Heroica”, que tenía el propósito de contener la “amenaza Bolchevique”. Meses después, estalla la Huelga de las Bananeras, fuertemente reprimida por la reacción el 5 y 6 de diciembre, ocasionando miles de muertos.
Para inicios de 1929, María y diversos dirigentes del PSR son reducidos en prisión, como una respuesta de las elites en busca de reprimir al movimiento, numerosos dirigentes obreros y socialistas fueron censurados y perseguidos por el gobierno reaccionario, así como sus centros de reunión. En respuesta se desata una ola de huelgas obreras. Estos años serían marcados por una violencia por parte del Estado y represión a las luchas populares, así como el encarcelamiento de diversos líderes socialistas, entre ellos María Cano. Al mismo tiempo, en 1929, en el Departamento del Tolima, se lanza una gesta revolucionaria liderada por los llamados Bolcheviques del Líbano que también fue sofocada por las fuerzas armadas. El 8 de junio, de ese año, en Bogotá, caen estudiantes asesinados por la represión de la hegemonía conservadora.
María Cano un ejemplo a seguir
Su gran aporte a la revolución colombiana se dio en la década de 1920 donde impulsó las luchas obreras. Luego en los años posteriores, ella continuó apoyando durante décadas al movimiento popular, proletario y revolucionario, pero ya no como dirigente sino como simpatizante. Así, conmemorar el natalicio de María Cano, no solo es celebrar su nacimiento, es celebrar sus importantes aportes y luchas que impulsó, por el bienestar de las clases oprimidas. Su recuerdo y sus lecciones deben recordarnos que, a pesar de la opresión de las élites, al servicio de los yanquis, debemos perseverar ante la adversidad y no olvidar el horizonte de nuestra lucha, recordar que nuestro compromiso por las masas, debe seguir reivindicando sus luchas y sus necesidades para su liberación.




