por Francisco Toledo

El pasado 21 de junio se realizó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en donde el ultrareaccionario Abelardo de la Espriella quedó elegido como el nuevo presidente de Colombia. El abogado reaccionario derrotó al candidato del oportunismo, Iván Cepeda, por un margen inferior al 1%: 12.959.542 votos (49,66 %) contra 12.708.712 (48,70 %). Abelardo llega a la Casa de Nariño en una situación de crisis política de las clases dominantes y apoyado abiertamente por el genocida Donald Trump y otros sectores reaccionarios estadounidenses, como el senador republicano Bernie Moreno.
Trump aseguró al monopolio de la prensa que su respaldo público hacia Abelardo fue determinante para la victoria, declarando que él «no tenía ninguna posibilidad» de perder después de recibir ese apoyo; además calificó a Abelardo como «un gran presidente» con el que se fortalecerán las relaciones diplomáticas entre ambos países. Es decir, una mayor alineación y sometimiento de Colombia a los planes del imperialismo yanqui en la región. Esta es una clara y descarada injerencia del imperialismo yanqui en los asuntos internos de Colombia.
Abelardo de la Espriella agradeció el apoyo del archirreaccionario Donald Trump y afirmó que «para resolver los problemas de Colombia necesitamos establecer una alianza muy cercana con los Estados Unidos, que no solamente es nuestro primer socio comercial, sino también nuestro aliado estratégico más importante en la lucha contra el crimen organizado», alineándose con el imperialismo yanqui y acatando la orientación de impulsar la lucha contra el «narcoterrorismo», que, como es bien sabido, es una de las excusas del imperialismo yanqui para desplegar su injerencia militar en la región, someter por la fuerza cualquier oposición y profundizar su dominio en América Latina.
Además, recibió el respaldo de la entidad nazi-sionista de «Israel»: el genocida Netanyahu expresó: «Felicitaciones al Presidente electo Abelardo de la Espriella. Espero trabajar con usted para fortalecer el vínculo entre Israel y Colombia. Los amigos de Israel siguen ganando». El programa de gobierno del vendepatria Abelardo centra su política internacional en fortalecer las relaciones con el imperialismo yanqui e «Israel».
Continuación y profundización de la guerra contrainsurgente
Abelardo, desde que era candidato, ha planteado sus planes de mayor sometimiento del país por el imperialismo yanqui. Su programa de gobierno y su discurso se han centrado en la seguridad y en la lucha contra el narcotráfico y la insurgencia. En una de sus declaraciones anunció que desde el «7 de agosto, Colombia hará parte del Escudo de las Américas. Colombia NO será más gobernado por un gobierno complaciente con el narcoterrorismo, pasaremos a combatirlo como corresponde». El mencionado Escudo de las Américas es una coalición regional creada por Trump para alinear los países de América Latina con sus planes de mayor sometimiento en el continente.
Además, el reaccionario Abelardo de la Espriella asegura que iniciará la fumigación con glifosato a los cultivos de coca, que continuará y extenderá los bombardeos a todos los campamentos de las guerrillas usando toda la tecnología disponible, y que bombardeará todas las lanchas que salgan por el Caribe. Esto no es más que hacer el trabajo que los yanquis y sus lacayos ya venían haciendo.
Esta alineación, del reaccionario Abelardo con el imperialismo yanqui, en materia de seguridad y de «lucha contra el narcoterrorismo», se ve plasmada en su programa de gobierno, en donde anuncia el lanzamiento de un Plan Colombia 2.0 con apoyo de los dos países más genocidas del mundo, Estados Unidos e «Israel».
El Plan Colombia, implementado por EE. UU. en el 2000, fue una clara intervención militar yanqui en Colombia con la excusa de la guerra contra las drogas, pero que, en realidad, sirvió para desarrollar la guerra contrainsurgente o guerra de baja intensidad en el país. Esta guerra fue la que dejó como resultado la fuerte represión al movimiento campesino y popular, en donde se dieron los llamados «falsos positivos» y en donde el viejo Estado y sus fuerzas militares y paramilitares cometieron graves crímenes contra el pueblo colombiano. Este Plan fue un paquete de «ayuda» de 1.300 millones de dólares que aprobó Estados Unidos para Colombia, en donde un 80 % fueron destinados al fortalecimiento de las fuerzas armadas y el otro 20 % destinados a la asistencia económica y social, según informó la Comisión de la Verdad.
Pero esta profundización en la doctrina contrainsurgente y del enemigo interno, no solo se da contra el movimiento guerrillero, sino que se extiende hacia el movimiento social y popular, pues también han sido varias las declaraciones de Abelardo sobre el aumento de la represión y militarización contra la protesta popular y combativa. En su programa anuncia la construcción de 7 megacárceles al estilo Bukele y ha declarado en una entrevista, que «una persona que viene a incinerar a un policía, o quemar un CAI, debe ser dado de baja», y que si hay bloqueos y «vandalismo», se tendrán que enfrentar a la furia del «tigre».
La elección de un representante de la ultraderecha en nuestro país no es un hecho aislado; coincide con la tendencia en América Latina de establecer gobiernos aún más vendepatria y lacayos del imperialismo yanqui, que cumplan con sus orientaciones mucho más obedientemente y que garanticen los planes que tiene el imperialismo yanqui en la región.




