
El nuevo gobierno de Abelardo De la Espriella ha dejado claro que pretende ser “un aliado firme, incondicional y confiable de los Estados Unidos”. Sus antecedentes, sus socios, toda su política y sus acciones no dejan la más mínima duda de que nos hallamos ante un gobierno “defensor de la patria” yanqui, orgulloso y fiel lacayo del imperialismo norteamericano.
Volvamos al pasado para ver los orígenes del autodenominado “Tigre”. En 2005, De la Espriella fundó FIPAZ, una organización que el jefe paramilitar alias HH ideó -en tiempos de negociaciones entre los paramilitares y el Estado colombiano- con el fin de que los paramilitares montaran, según HH, su “propio proyecto político a nivel nacional con universitarios que creyeran en la causa para, después de desmovilizarnos, salir adelante”. En videos de aquella época se ve a este “joven creyente de la causa paramilitar” realizando foros para difundir el proyecto político paramilitar entre universitarios. Años después, en 2008, diría sobre su amigo Mancuso, un jefe paramilitar responsable por miles de asesinatos al pueblo: “es mi paisano y se echó a la espalda una lucha que debimos haber dado todos los cordobeses. En el lugar de él, yo habría hecho lo mismo”.
Los orígenes del paramilitarismo moderno en nuestro país se remontan al MAS (Muerte a Secuestradores), creado en los años 80 en una reunión entre grandes terratenientes, políticos, narcotraficantes, empresarios, representantes de multinacionales y un agente de la CIA -Ramón Milian Rodríguez- que ofreció conseguir para el nuevo grupo paramilitar las armas que fueran necesarias y que luego declaró que fueron ellos, la CIA, los que les “enseñamos a convertirse en terroristas”.
Así, el paramilitarismo en Colombia, instrumento de guerra y terror contra el pueblo, ha sido engendrado por el imperialismo yanqui a través de una siniestra sociedad de la CIA y las multinacionales yanquis con los grandes burgueses y terratenientes locales, varios de ellos narcotraficantes. Dentro de este engendro, como legitimador político del mismo, comenzó su carrera el actual presidente de nuestro país, que posteriormente pasó a ser abogado defensor de narcotraficantes, jefes paramilitares y parapolíticos, entre otros criminales. Vivió lujosamente durante una década en Miami y obtuvo la ciudadanía gringa cuyo juramento es ser leal al Estado yanqui y declarar que “renuncio y abjuro absoluta y completamente toda lealtad a cualquier Estado o soberanía extranjera de la cual haya sido hasta ahora ciudadano”, ratifica su vida de traidor a la patria y servil al imperialismo yanqui, refrendada hoy con creces en su campaña y ahora como presidente electo.
La campaña politiquera de este personaje fue copiada de Trump y sus súbditos más arrodillados: Milei, Bukele, etc., la nueva ultraderecha latinoamericana, de la cual ahora De la Espriella hace parte orgullosamente. Como aquellos, ha pretendido tapar la crisis general y profunda por la que atraviesa el imperialismo yanqui y el capitalismo burocrático en sus semicolonias hablando de “catástrofes” que provocaron sus antecesores y levantándose como los salvadores que prometen, por ejemplo, en el caso de nuestro país, construir la “patria milagro”. Todos estos gobiernos rinden pleitesía al gobierno Trump y sus planes se sujetan a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional yanqui, publicada a fines de 2025.
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional plantea “un «corolario de Trump» a la Doctrina Monroe” que busca “restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental” para proteger la nación y garantizar el acceso y control continuo a “zonas geográficas clave en toda la región” y a las “cadenas de suministro y materiales críticos”. Para lograrlo se propone “reclutar a los líderes regionales que puedan ayudar a crear una estabilidad tolerable”, “gobiernos que cooperen contra los narcoterroristas, los carteles y otras organizaciones criminales transnacionales”; “recompensando y alentando a los que estén ampliamente alineados a los principios y estrategia” estadounidense.
Estados Unidos busca ser “el socio económico y de seguridad preferido del hemisferio”, ofrece ayudar con “tratos más favorables en materia comercial, intercambio de tecnología y la adquisición de material de defensa a aquellos países que asuman una mayor responsabilidad en materia de seguridad y que armonicen sus controles de exportación” con los estadounidenses; cuando los gobiernos no respondan a esta estrategia se usaran los aranceles y “uso de la fuerza letal” para lograr sus intereses. En materia de seguridad pretende “fortalecer alianzas de seguridad, desde la venta de armas hasta el intercambio de inteligencia y ejercicios conjuntos” que fortalezca su defensa aumentando “el control sobre instalaciones militares, puertos e infraestructuras clave”. En términos económicos, que el hemisferio sea “un mercado cada vez más atractivo para el comercio y la inversión estadounidenses” “con contratos de fuente única”, sin competidores para las empresas estadounidenses.
En los pocos días que han pasado tras su elección, el nuevo gobierno de De la Espriella ya ha ratificado que hace parte de este grupo “ampliamente alineado con los principios y la estrategia” yanquis, que está ansioso por ser “recompensado y alentado” por Trump, cosa que ya está consiguiendo, gracias a su descarado servilismo al imperialismo norteamericano.
Comencemos por analizar los planes más relevantes del nuevo gobierno en el ámbito militar que es, a todas luces, el campo priorizado por la nueva estrategia del imperialismo yanqui para poder defender su amenazada hegemonía mundial en momentos de crisis, para responder a la resistencia popular y enfrentar la competencia en la región con otras potencias, especialmente China. La firme alineación del “Tigre” (sería más preciso decir genuflexión) comienza aquí: para el nuevo gobierno colombiano también lo militar es el eje de su plan, en sus palabras, “la seguridad será el pilar sobre el que construiremos la patria milagro”.
A dos días de su triunfo electoral, De la Espriella declaró que en su gobierno Colombia entraría a hacer parte del Escudo de las Américas, una “coalición” dirigida por el gobierno yanqui y conformada por los gobiernos más lacayos de la región, para compartir inteligencia y coordinar operaciones militares con el fin de combatir el “crimen transnacional”, especialmente los “carteles de la droga”. Ha dicho que van a “volver los bombardeos y las fumigaciones” (aunque en el gobierno saliente se hicieron 25 bombardeos y recientemente se retomaron las fumigaciones con glifosato) y que va a “dar la orden de hundir todas las lanchas que salgan por el Caribe, por el Pacífico, por el golfo de Urabá”, es decir, se ha ofrecido a continuar el baño de sangre (el bombardeo de cerca de 200 personas) comenzado por el gobierno yanqui con su asesina operación Lanza del Sur. No sobra decir que la llamada “guerra contra las drogas” impulsada por los yanquis, se ha revelado hasta la saciedad como el disfraz moral que esconde el verdadero plan de controlar más y más militarmente a América Latina y el Caribe, para profundizar el saqueo de nuestros recursos, la explotación de nuestras gentes y contener o prevenir la rebelión de las masas y especialmente las guerras revolucionarias.
Además de la incorporación a este plan regional yanqui, el nuevo gobierno tiene también un Plan militar made in usa para el país. Durante la campaña, toda la ultraderecha (la de Uribe y la de Abelardo), haciendo gala de su inveterada traición a la patria, rogaba a Estados Unidos una reedición del genocida Plan Colombia para “derrotar al narcoterrorismo” y “recuperar la seguridad”. Una vez el abelardismo ganó la presidencia, ha corrido a definir con el gobierno de Trump un nuevo “Plan Patriota 2.0” anunciando que sus primeros lineamientos serán: “recuperar capacidades, derrotar amenazas narcoterroristas, fortalecer la autoridad legítima del Estado y contribuir a la estabilidad regional”. Todo, como ven, en línea con la nueva ofensiva del imperialismo yanqui en América Latina.
Como si esto no fuera suficiente muestra de sometimiento al imperialismo yanqui, en una reciente audiencia sobre Colombia llevada a cabo en el Congreso de Estados Unidos, funcionarios yanquis han dicho que pueden “ayudar” al nuevo gobierno a “establecer bases de operaciones avanzadas, como centros logísticos de la policía, en zonas de difícil acceso donde no hay control gubernamental”. Y el designado ministro de defensa, el general retirado Jorge Mora, ha manifestado que no descarta la instalación de bases militares gringas en Colombia y que se creará en nuestro suelo “un programa y un centro regional de entrenamiento contra el narcotráfico y las amenazas transnacionales”.
Como complemento a estos planes regional y nacional, el nuevo gobierno ha propuesto un plan para llevar “la seguridad a las ciudades”: El “Bloque de Seguridad Urbana” y su articulación con las “primeras líneas” de reservistas y con las empresas privadas de seguridad, para fortalecer la inteligencia, la judicialización y el accionar de las fuerzas policiales. Se ve que este defensor de paramilitares añora las convivir o el “millón de amigos” de la fuerza pública en tiempos de Uribe, su mentor.
Porque el nuevo gobierno no habla solo de seguridad en términos de controlar la “delincuencia” sino que, como en aquellos tiempos de la “seguridad democrática” de Uribe, bajo el eufemismo de la seguridad, intenta legitimar la represión a la lucha popular. Para De la Espriella, el Gran Levantamiento Popular de 2021 (GLP) no fue una espontánea y masiva protesta popular sino una acción de “una minoría que arrodilló a una mayoría”, una expresión de “terrorismo urbano” y dijo que ante un nuevo levantamiento “tendrán el ejército en un minuto en la calle, sin contemplaciones”. Ha dicho que “al que cierre vías, el que realice desmanes, el que pretenda atacarme a la fuerza pública, va a saber lo duro que muerde el tigre”, “le voy caer con mano de hierro”, “al que trate de incendiar un CAI darle de baja”. Como ven, este personaje es de los mismos que dieron la orden de matar docenas de jóvenes en el Gran Levantamiento Popular, pertenece a estas gentes tan antagónicas a los intereses del pueblo trabajador que luego de 5 años de dicho levantamiento aún entienden este como una maquinación de “terroristas urbanos” y no como el hastío espontáneo y más que justificado de las amplias masas con todo este sistema de explotación, opresión e injusticia.
Para cumplir con todos estos planes de “seguridad”, el nuevo gobierno promete fortalecer las fuerzas armadas y policiales aumentando el presupuesto militar y formando una fuerte “alianza con Estados Unidos e Israel” con el fin de mejorar las capacidades de inteligencia, la ofensiva aérea y la tecnología militar. Finalmente, pero no menos importante, se ha encargado de exaltar a las fuerzas armadas con su saludo militar, levantándolos otra vez como héroes, rindiéndoles homenajes, reincorporando a generales retirados, proponiendo que los veteranos de las fuerzas armadas cumplan roles de seguridad en ciudades, diciendo que será “el primer abogado defensor de las fuerzas armadas”, etc., todo esto no tiene más que el propósito de envalentonar a las fuerzas militares y policiales del viejo Estado para que repriman y asesinen a sus anchas.
Pero la prioridad que el gobierno De La Espriella da a la seguridad como “eje transversal de su gobierno”, su táctica de “mano de hierro”, es una política que en últimas persigue réditos económicos. El objetivo de fortalecer la seguridad, de envalentonar a las fuerzas armadas, no es otro que crear las condiciones óptimas para los negocios de quienes él representa: a los grandes capitalistas y terratenientes, así como al imperialismo yanqui, siguiendo al pie de la letra la política de Trump de hacer del hemisferio “un mercado cada vez más atractivo para el comercio y la inversión estadounidenses”. Al fin y al cabo, como dijo hace un par de días el futuro embajador gringo en Colombia, Nate Morris, al preguntársele cómo reactivará la inversión de ese país en Colombia, “el capital va a donde es seguro”.
Que el nuevo gobierno va a feriar más el país a los yanquis quedó muy claro en la reciente visita de sus nuevos funcionarios a Estados Unidos. El vicepresidente, José Manuel Restrepo, dijo que “en Colombia hay muchas oportunidades para Estados Unidos”, rogó fortalecer el comercio y las inversiones de ese país en Colombia en infraestructura, alimentos, servicios y bienes básicos, medicinas, etc., “incluso estableciendo industrias estadounidenses en Colombia como modelo de nearshoring” (trasladar producción a países cercanos-aliados), ofertó nuestras riquezas en “minerales estratégicos y críticos” (claves para las nuevas tecnologías y energías) y prometió brindar seguridad a los negocios yanquis en Colombia. Y como si no bastara con esto, se ofreció a servir a los planes de recolonización yanqui en Venezuela, a ayudar a la seguridad de los Estados Unidos en la región y a “construir cadenas de suministro seguras” para los gringos, tal cual como lo han dejado explícito los yanquis en su nueva Estrategia. ¡Cuan lacayuna obediencia! Con razón Trump dijo que “el tigre será un gran presidente”, y el “tigre” le agradeció su apoyo “con el corazón lleno de gratitud patriótica (¡sic!)” manifestando que “nuestras políticas de seguridad están completamente alineadas”.
Todo está “alineación” (léase traición a la patria) del nuevo “defensor de la patria” ya comienza a ser “alentada y recompensada” por los gringos, tal como lo habían prometido en su nueva estrategia. El gobierno de Trump ha dicho que “colaborará” con el nuevo gobierno colombiano, que prestará “ayuda con la crisis energética, de salud e inseguridad” que vive Colombia; la banca multilateral (CAF, BID, BM) dirigida por Washington ya ha “ofrecido” sus créditos al gobierno para invertir en “proyectos estratégicos” en diversas áreas. Tanto el Departamento del Tesoro como el FMI han declarado que formularán programas para “ordenar las finanzas públicas” del Estado colombiano y que también ayudarán a “refinanciar” la deuda pública para aliviar los costos actuales del endeudamiento del país. En pocas palabras, la dichosa “ayuda” de los norteamericanos y su banca significará: más saqueo, mayor deuda y más control gringo de las finanzas públicas.
Y es que el objetivo fundamental del plan económico del nuevo gobierno es generar seguridad, estabilidad macroeconómica y jurídica, y todas las facilidades posibles (“confianza inversionista”) para que el imperialismo yanqui, los grandes burgueses y terratenientes locales, inviertan sus grandes capitales en sus meganegocios. Entre estos, el desarrollo de grandes extensiones de cultivos agroindustriales en la altillanura (“el mato grosso colombiano”); inversiones en petróleo y gas (ahora con fracking), en minerales críticos y energías limpias (“destrabando” las consultas previas a las comunidades); concesiones en “infraestructura estratégica” al servicio de los grandes comerciantes internos, exportadores e importadores; proyectos de vivienda con dineros públicos concesionados a las megaconstructoras, etc.
Tan solo viendo un poco de su biografía y analizando los lineamientos económicos, políticos y militares de su proyecto, podemos caracterizar al nuevo gobierno de De la Espriella como un gobierno vendepatria, vil lacayo del imperialismo yanqui, representante de la facción compradora1 de la gran burguesía y de los terratenientes, clases que expresan las relaciones de explotación más reaccionarias en nuestro país, basadas en la propiedad monopolista de la tierra y del capital, clases intermediaras, sostenedoras del dominio imperialista sobre nuestra nación, principales obstáculos a la prosperidad de nuestro pueblo y la independencia de nuestra nación. En específico el nuevo gobierno es parte del grupo más reaccionario de estas clases, de la ultraderecha, cuyos partidos más visibles son el Centro Democrático y Cambio Radical, pero que, en el marco de la nueva y ultrarreaccionaria estrategia yanqui, y como movimiento “nuevo” disputa con el primero de estos partidos su base política por la hegemonía de la ultraderecha, buscando la conformación de su propio partido aún más reaccionario, hecho a imagen y semejanza de Trump y su movimiento MAGA.
El último año no deja duda de que la nueva estrategia yanqui en América Latina se ha puesto en marcha en numerosos países de la región, destacándose las dos operaciones militares ejecutadas el último año: Lanza del Sur (bombardeo a embarcaciones en el pacífico y caribe) y Resolución Absoluta (bombardeo a Venezuela y secuestro de su presidente). El imperialismo yanqui busca ampliar su frente de gobiernos plenamente arrodillados. El nuevo gobierno colombiano esta tan “alineado” política, económica, militar y hasta culturalmente con los yanquis y su nueva estrategia que hasta sospechas levanta de que no sea solo un lacayo de Washington sino incluso un agente de sus agencias de inteligencia.
Lo claro hasta hoy es que, en el nuevo desorden mundial que se ha abierto, el gobierno colombiano ha tomado firme partido por este frente reaccionario mundial encabezado por el imperialismo yanqui, quien no solo padece una profundización de su crisis de descomposición, sino que está viendo amenazada su hegemonía ante la nueva potencia imperialista China y de ahí que tenga que consolidar su retaguardia y base de su dominación, su “patrio trasero”, América Latina. Frente también conformado por la igualmente genocida entidad sionista de Israel, a la que el nuevo gobierno orgullosamente enarbola y defiende, anunciando desde ya que establecerá una embajada en Jerusalén, algo que solo 6 países del mundo han hecho.
Este frente reaccionario mundial está haciendo fechorías aquí y allá, pero con ello cosecha nuevas resistencias y rebeliones. Sus blancos son numerosos, inicialmente solo eran los “narcoterroristas”, “carteles”, “islamitas”, entre otros, agrupados como “crimen transnacional”, pero recientemente el gobierno de Trump ha declarado que sus enemigos forman un amplio campo catalogado como “terrorismo de extrema izquierda”, donde caben “antifascistas, anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas y marxistas”. Reeditan así la guerra fría, macartizan para sembrar miedo soñando poder oprimir y explotar impunemente, avanzan hacia el fascismo para oponerse al fantasma del comunismo que otra vez recorre el mundo y anuncia nuevos tiempos de revolución. Y aquí de nuevo el gobierno De la Espriella cierra filas cuando le habla a Trump de la necesidad de construir “un frente unido contra el comunismo que busca envenenar nuestras repúblicas”.
Pero a este campo reaccionario se le opone un campo realmente patriota, el campo antiimperialista que trabaja también por organizar su frente de lucha. En este campo destaca la Resistencia Nacional Palestina y su intrépida operación Diluvio de Al Aqsa, pero también la aguerrida resistencia nacional iraní que tiene empantanado al imperialismo yanqui en medio oriente, la resistencia libanesa y yemení, los procesos y guerras revolucionarias y de resistencia antiimperialista en general. Y la base de todo este frente son, por supuesto, las grandes luchas populares que recorren todos los continentes, otro síntoma de los nuevos tiempos.
El nuevo gobierno colombiano, obviamente, hace parte de este frente reaccionario liderado por Trump, y ha prometido servirlo asiduamente, y por consiguiente tiene como enemigo al campo antiimperialista. El gobierno vendepatria será parte activa de la coalición yanqui Escudo de las Américas; querrá que el territorio colombiano sea de nuevo el portaaviones yanqui para dominar América del Sur, fortalecerá las fuerzas militares y policiales y el apoyo civil (paramilitar) a ellas; aplicará un nuevo “Plan Patriota” para luchar contra el movimiento guerrillero y popular; criminalizará y reprimirá fuertemente las luchas de las masas. Todo para favorecer los intereses yanquis y de los grandes capitalistas y terratenientes criollos, a costa de la sangre y sudor del pueblo colombiano y el saqueo de la nación.
Esta “manada” de hienas, aunque es fuerte y peligrosa y obtendrá éxitos a corto plazo con la “ayuda” de los yanquis, no tiene perspectivas de lograr sus objetivos estratégicos. El imperialismo yanqui y el capitalismo burocrático en Colombia están en una crisis general y profunda, y el programa de mayor sometimiento al imperialismo yanqui que persigue este gobierno, no solucionará sino que profundizará esta crisis; tienen un alto déficit en las finanzas del Estado y un crecimiento mediocre de menos del 2%, si reducen gasto público el crecimiento será menor, si aumentan el presupuesto militar e inyectan dinero para aliviar la crisis de la salud, su déficit o deuda aumentará; las guerrillas que no se plegaron a la falsa “paz total” no han podido ser derrotadas aun cuando el gobierno de Petro, siguiendo órdenes de Trump, las bombardeó y combatió intensamente los últimos dos años; el movimiento popular, aunque el gobierno saliente logró cooptarlo y paralizarlo significativamente, sigue sin ver el cambio prometido, continúa buscando obtener las mismas demandas del Gran Levantamiento Popular, conoce y no perdona ni olvida todos los crímenes contra el pueblo que la ultraderecha cometió durante sus gobiernos, y ante la mayor represión y explotación que hará recaer sobre sus espaldas el nuevo gobierno, volverá a levantarse sin dejarse intimidar por los estridentes rugidos del tigre de papel. El gobierno oportunista de Petro logró “controlar la explosión” de las masas, pero controlar no es apagar, el volcán volverá a erupcionar, esta es la gran misión del Frente Popular Antiimperialista, que desde ya debe ser la verdadera oposición firme y combativa al nuevo gobierno vendepatria y antipopular, por la defensa y conquista de los derechos del pueblo y la autodeterminación de la nación.
1La gran burguesía comprende dos facciones. La facción compradora que procura impulsar la economía del capitalismo burocrático poniendo el énfasis en el gran capital monopolista particular (no estatal), y la gran burguesía burocrática que prioriza el gran capital monopolista estatal. El gobierno saliente representó los intereses de la facción burocrática.




