A continuación, compartimos una traducción no oficial del siguiente artículo del periódico A Nova Democracia (Brasil).
La versatilidad guerrillera quedó reafirmada a finales de febrero, cuando audaces ataques con drones cargados de explosivos alcanzaron bases militares estratégicas.
Por Redacción A Nova Democracia

Combatientes del ELN. Foto: Luiz Robayo/AFP/Reproducción.
La farsa de la «paz total» montada por la gestión oportunista de Gustavo Petro ha sufrido nuevos y contundentes golpes en las últimas semanas. Mientras el gobierno intenta enmascarar su sumisión al imperialismo yanqui, bajo el pretexto de la «lucha contra el narcotráfico», el Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha demostrado que su fuerza no se limita a las selvas, sino que penetra en las entrañas de las metrópolis y desafía la tecnología de guerra de su enemigo.
El hecho más reciente e impactante es el reconocimiento, por parte del propio gobierno y de concejales de la reacción en Bogotá, de la existencia de un Frente Nacional de Guerra Urbana (FEGUN). Esta estructura, lejos de ser un mito, opera en al menos 12 ciudades principales, incluida la capital, a través de redes clandestinas y compartimentadas que las fuerzas de represión admiten ser incapaces de vigilar con eficacia, dado que su comando estratégico se sitúa de forma inalcanzable en la frontera.
La versatilidad guerrillera quedó reafirmada a finales de febrero, cuando audaces ataques con drones cargados de explosivos alcanzaron bases militares estratégicas. En la base de San Lucas, en Montecristo (Bolívar), el ELN coordinó un ataque que dejó 14 militares heridos y obligó al despegue de emergencia de un helicóptero de las fuerzas de represión, cuyo parabrisas quedó destrozado por la onda de choque. Días antes, la base de San Jorge, en Saravena (Arauca), también fue blanco de esta tecnología de bajo costo y alto impacto, lo que demuestra que, a pesar de su superioridad militar, el viejo Estado no tiene respuesta para el ingenio de la guerrilla.
El ELN, en un comunicado titulado “Una respuesta necesaria”, fue enfático al denunciar que el gobierno de Petro utiliza cualquier intento de diálogo únicamente como ventaja militar, ordenando atentados en Catatumbo menos de 24 horas después de recibir a emisarios para conversaciones de paz. Esta duplicidad del gobierno oportunista, que se reunió con Donald Trump antes de intensificar las operaciones, es vista por la guerrilla como una traición a los principios de buena fe.
La guerrilla avanza en respuesta a los ataques de la reacción
Recientemente, el monopolio de la prensa colombiano informó de que el ELN “ejecutó2 a dos desertores en Santander y Bogotá. Joaquín Vergara Mojica, que había desertado de la lucha en 1994 para convertirse en colaborador del servicio de inteligencia, fue localizado por la guerrilla incluso décadas después. Estos acontecimientos provocaron un terremoto en la Fiscalía General de Colombia, lo que suscitó sospechas de que el grupo cuenta con aliados infiltrados en el gobierno capaces de vigilar cada paso de las fuerzas de represión y sus colaboradores.
La eficiencia de la inteligencia guerrillera es tal que el propio exfiscal general, Francisco Barbosa, y el general retirado Eduardo Zapateiro se convirtieron en objetivos de planes de “alto impacto2. Informes del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) sugieren que el ELN coordinó reuniones para entrenar a francotiradores y realizar movimientos de armas, creando una cortina de humo que dejó a los organismos de represión en estado de máxima alerta. La paranoia entre los funcionarios del Gobierno es evidente, con investigadores del CTI y fiscales investigándose mutuamente, acusados de filtrar datos confidenciales a la guerrilla, lo que pone de manifiesto la crisis de descomposición del viejo Estado colombiano.
Para intentar contener el avance de la guerrilla, las fuerzas de represión han movilizado la Operación “Espejo” en los departamentos de Nariño y Putumayo. Con más de 20 mil hombres y el apoyo explícito del imperialismo yanqui y de la Administración para el Control de Drogas (DEA, departamento federal yanqui para intervenir en los países semicoloniales), esta ofensiva se vende como lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, la guerrilla denuncia que esto no es más que una pieza más del tablero transnacional para garantizar el control yanqui sobre la frontera con Ecuador.
En Catatumbo y Arauca, la respuesta del ELN a la Operación “Espejo” ha sido la destrucción controlada de carreteras y la instalación de artefactos explosivos para impedir la movilidad de las tropas de la 18.ª Brigada. La Octava División del Ejército admite que la guerrilla 2insiste en sembrar el terror en las principales vías”, lo que en realidad supone la interrupción logística de las líneas de suministro del viejo Estado.




