por Antonio Gómez

El viernes primero de mayo ocurrió en el país la conmemoración del día internacional de los trabajadores. Miles de personas del pueblo marcharon, como individuos pero principalmente como organizaciones, promulgando diferentes consignas para reivindicar los derechos que han sido conquistados al Estado gran burgués-terrateniente, y denunciar aquellos que están siendo sistemáticamente arrebatados de la clase.
En Medellín, fue notoria la masividad de la convocatoria. Gran diversidad de sindicatos de diferentes sectores de la industria que operan en la ciudad. Además, grupos organizados en torno a reivindicaciones barriales de vivienda y educación también hicieron presencia, extendiendo las demandas colectivas del proletariado hacia cuestiones que van más allá del lugar de trabajo y que tocan las condiciones de vida de los productores de riqueza de la ciudad.
Un ejemplo de ello es la Red de Apoyo Popular, que congrega activistas luchando en torno a los derechos sociales de los pobladores de Granizal, una vereda ubicada noroccidente de la ciudad de Medellín, que constituye el segundo asentamiento informal más grande de Colombia. Los activistas demandaron el mejoramiento de las condiciones de educación para las niñas y jóvenes de la vereda y acceso a agua potable, derechos que han sido sistemáticamente negados a los pobladores de Granizal.
La marcha transcurrió de manera pacífica, especialmente, dada la presencia de Gustavo Petro, por lo cual el esfuerzo del grueso del sector pro-electoral de la manifestación se orientó a cooptar la marcha en función de banderas actuales del gobierno, como la de una Asamblea Constituyente, y la campaña presidencial por el candidato del Pacto Histórico Iván Cepeda Castro. Dada esta presencia, también, la marcha contó con un amplio despliegue de fuerzas policiales y militares alrededor de la Plaza Alpujarra y el Parque de las Luces, centro de poder de la ciudad donde se presentó Petro.
El sector crítico, independiente y revolucionario de la marcha abogó por insistir en las demandas orgánicas del proletariado, enfatizando la persistencia de las condiciones de explotación y opresión en el autodenominado gobierno del «cambio». Grafitis en contra de las malas condiciones de los medios de transporte masivo y en denuncia de la opresión de los grandes monopolios comerciales como las tiendas D1 con respecto a pequeños tenderos, fueron parte de los mensajes que el pueblo consignó en las paredes.
Jóvenes estudiantes y trabajadores que se recogen en el antiimperialismo arengaron contra la explotación del pueblo, en favor de las luchas de liberación nacional y antiimperialistas en curso en el mundo, especialmente Palestina e Irán. Jóvenes anti-fascistas y anarquistas también expresaron sus consignas, volantes, pancartas y grafitis que demostraron una actitud crítica ante el gobierno actual y el Estado como un todo. Estructuras organizativas que operan a nivel mundial como la Liga Antiimperialista Internacional, también hicieron parte de esta corriente política independiente del sector alineado con el gobierno.
En otras de las principales ciudades del país también se hizo sentir la clase obrera en las calles, en reivindicación de su día histórico. Bogotá, Cali, Cartagena y Barranquilla, ciudades que reúnen una buena parte del proletariado industrial del país. En Bogotá, salió del histórico Parque Nacional y terminó en la Plaza de Bolívar, donde se realizaron diferentes discursos expresando la variedad de líneas políticas que actualmente conforman al movimiento obrero de la ciudad, siendo especialmente el sector más pro-gobierno el que cooptó el espacio con un discurso del candidato presidencial Iván Cepeda Castro.

Tomada de: Oscar Berrocal, KRONOS.
En Barranquilla, la marcha se desarrolló sobre la avenida de la cordialidad, una de las principales de la ciudad. Icónicamente, una bandera de Estados Unidos fue quemada, en demostración de la amplia conciencia del proletariado caribeño sobre la dominación imperialista en el país. En la marcha hizo fuerte presencia el movimiento indígena, en cabeza de la Guardia Indígena Mokaná.
En Cali, la manifestación también se caracterizó por expresiones de crítica popular al sistema de transporte público MIO, lo cual también fue característico en todas las ciudades con sistemas de transporte similares, donde la baja calidad y cobertura de los servicios no compensa el alto costo que representa para los trabajadores. También, allí, distintas expresiones populares de organización plasmaron en los muros sus simbologías.

En Cartagena, la marcha atravesó varias de las zonas turísticas de la ciudad, tomando protagonismo, por tanto, la participación de los trabajadores del sector hotelero. Además, trabajadores del sector informal que compone uno de los sectores esenciales del sostenimiento económico de las masas populares de la ciudad.
En total, se registraron un total de 67 manifestaciones en todo el país.




