Los informes del Observatorio de Feminicidios Colombia plantean que el año pasado hubo más de 600 mujeres asesinadas. Para el 31 de marzo de este año la   cifra era de 133. No se conocen datos sobre la actividad económica de la mitad de estas mujeres. Las principales actividades económicas realizadas por la otra mitad eran el trabajo informal, el trabajo formal y el trabajo doméstico no remunerado. Apenas el 2% eran dueñas de un negocio y el 5% eran expendedoras de    drogas. Por otro lado, en el informe Panorama de las violencias contra las mujeres en Cali, muestra que para las diferentes categorías de violencias que manejan (psicológica, económica, física, sexual, vicaria, intrafamiliar y patrimonial), las principales afectadas son de los estratos 1, 2 y 3. Como vemos la violencia golpea contra la mujer y de manera más concentrada, contra la mujer del pueblo.

Merly Andrea Rengifo Cuadros, asesinada en cárcel de Boyacá. Foto: El Tiempo

El pasado 14 de mayo fue un día que volvió a llamar la atención del país en cuanto a este  tema, dado que cuatro mujeres fueron asesinadas. La primera fue Merly Andrea Rengifo Cuadros, degollada en la cárcel de Cómbita en Boyacá por Efraín Sarmiento, un recluso que ya estaba cursando condena por el asesinato de dos de sus exparejas:  Jaqueline Muñoz Ojeda y Cristiana Mendoza Maya. La segunda mujer asesinada fue Lizeth Natalia Rincón de 24 años, a las afueras de la cárcel La Modelo en Bogotá a manos de un sicario. Ella tenía cinco meses de embarazo. Gloria del Carmen Rodríguez es el nombre de la tercera mujer, quien, en medio de una celebración familiar por el día de la madre, fue apuñalada hasta morir por Julio Fonseca, su esposo, que se dio a la fuga. Y el último caso de ese día fue el de Erika Aponte Lugo, asesinada a tiros en el centro comercial Unicentro de Bogotá por su expareja Cristhian Rincón.

Erika Aponte. Fuente Infobae
 

El caso de Erika Aponte, fue probablemente el más conocido. En palabras de la alcaldesa de Bogotá: “Erika hizo lo correcto a pesar de que lo hizo tarde, acudió al llamado, buscó a la institución (…) las instituciones actuaron en menos de 24 horas y le ofrecieron la asistencia psicosocial, jurídica y el máximo nivel de protección que podíamos ofrecerle (…) que era el traslado a la Casa Refugio (…) Erika decidió no aceptar esa opción, no tenemos por ello ninguna razón para juzgarla”.

Gloria del Carmen Rodríguez, asesinada por su pareja en Santa Marta. Foto. El Heraldo

Según Claudia López, quien dio declaraciones por diferentes medios de comunicación, a Erika se le brindaron todas las medidas protocolarias que el Estado está en capacidad de brindar cuando la denunciante no acepta el “máximo nivel de protección” es decir, cuando no acepta irse a la casa refugio. Las otras medidas aplicadas para su protección fueron: “Solicitar al señor Christián Camilo Rincón Díaz a que cesara los actos de violencia e intimidación contra Erika; que cesara la intimidación contra su hijo; que no podía acercarse a Erika ni a su hijo en la vivienda donde se reportaron en Soacha y, por último, que no se acercara al trabajo de la víctima” (Comisaría de la familia) El resultado de la aplicación de estas medidas, como ya sabemos, fue su asesinato.

A pesar de esos resultados los funcionarios involucrados siguen insistiendo en que se actuó de manera correcta, oportuna y diligente. Es tan absurdo lo que dicen que incluso un periodista de la Blu radio, el cual es un medio adscrito a la prensa monopólica nacional cuestionó: “para qué sirven (…) todas esas líneas que se han inventado para atender casos de maltrato a las mujeres, línea rosada, línea púrpura, línea violeta (…) nos hemos llenado de una burocracia supuestamente para proteger a las mujeres… va una mujer como Erika y dice: me va a matar este salvaje ¡que la mató! Y lo único que le dicen es: ¡¿vete para una casa refugio?!”.

Los funcionarios, incluyendo a la autoproclamada feminista y ciertamente representante del feminismo burgués, Claudia López, a pesar de que lo nieguen, no han hecho más que lavarse las manos, culpar a Erika y difundir esa posición por los medios generando con esto un ambiente que impulsa que la opinión pública culpe a las mujeres. Otro periodista de la Blu radio dijo de manera más clara lo que todos ellos están insinuando: “(la medida de la casa refugio) no funcionó por una cosa elemental (…) porque ella no la aceptó (…) si ella hubiera aceptado la medida de protección de la casa refugio, no la hubieran matado”.

Esos centros operan como una suerte de cárcel para la mujer. No pueden usar sus celulares y a veces tampoco pueden avisarle a sus familiares que van a estar ahí además que no hay una respuesta al problema económico. El aislamiento social, la precarización de sus condiciones de vida que sobrevienen con someterse a las Casas Refugio y la perversa lógica de que es la mujer quien debe ver afectada su libertad mientras que el victimario la conserva y actúa a sus anchas, muestran como el “máximo nivel de protección” posible que el Estado puede ofrecer es en realidad una medida antimujer que afecta principalmente a las más pobres.

Erika no tuvo ninguna responsabilidad o culpabilidad en su muerte y el problema no fue la falta de aplicación de los protocolos, el problema es que directamente los protocolos no sirven. Los casos de las mujeres asesinadas cerca o adentro de las cárceles, que también ocurrieron ese día, muestran más patente lo inútil que es confiar en que este Estado pueda brindar alguna protección a las mujeres del pueblo pues ellas fueron asesinadas en las narices de la policía (supuestos órganos de protección y seguridad).

El Estado gran burgués latifundista al servicio del imperialismo (principalmente yanqui) y su aparato represivo por entero, no existen para garantizar la seguridad del pueblo. Todo lo contrario. Ellos existen para mantener y profundizar su régimen en contra de la gente y sus derechos más básicos. Que una mujer que se diga feminista como Claudia López o que se proclame defensora de los derechos humanos, como Francia Márquez (a la cual hoy líderes de los consejos comunitarios la están acusando de dejarlos solos pese a saber sus necesidades y sus luchas) ocupen puestos de poder en las viejas estructuras no cambia el carácter de Estado.

De hecho, la base de estos repugnantes hechos que hemos relatado aquí y que son una constante (en promedio en Colombia están asesinando 40 mujeres por mes) es la existencia del actual sistema de explotación y opresión al cual nos vemos sometidos. Estos hechos revelan la podredumbre de la vieja sociedad patriarcal, semifeudal y semicolonial y son expresiones del pensamiento reaccionario y decadente de la gran burguesía terrateniente y del imperialismo, que disemina su veneno por medio de los aparatos ideológicos que ha construido durante siglos para este fin.  Imponen a figuras como Dani Alves, Sebastián Villa, Neymar Jr. o Cristiano Ronaldo, quienes están acusados de violación o violencia contra las mujeres, como ídolos de toda una generación de jóvenes. Es una tragedia para el pueblo que usurpen los lugares de quienes de verdad tienen la dignidad para erigirse como ídolos de las presentes y próximas generaciones de la clase trabajadora, la clase que produce con su trabajo (incluyendo el trabajo gratuito al que se ve sometida la mujer) la riqueza sobre la que se asienta toda la vida humana existente. Sólo los legítimos miembros de nuestro pueblo, nuestros verdaderos pensadores y pensadoras y nuestros trabajadores y trabajadoras más honestas tienen el derecho de ocupar ese lugar.

La ideología transmitida por la prensa monopólica es la vanguardia del atraso. Los discursos machistas y misóginos son reproducidos cotidianamente en las iglesias y en las escuelas. Estas estructuras transmiten que el valor de la mujer debe ser medido por los estereotipos de belleza y/o por su papel en la reproducción. Fortalecen el machismo en la sociedad, haciendo apología de la sexualización femenina, romantizando la prostitución, la pornografía, el gamonalismo y la decadencia de la burguesía. Se ensalza históricamente a la mujer como reina del hogar para que acepte silenciosamente la condición de la esclavitud doméstica. Con nuestro trabajo gratuito los salarios pagados a los trabajadores pueden mantenerse muy bajos, además de que se reduce al máximo la participación de la mujer en la práctica social y en esa misma línea, se aplasta su participación en la lucha de clases, separando en dos partes al pueblo. Presentan a la mujer apenas como un objeto de consumo, en lugar de mostrarla como lo que realmente es. Las mujeres populares somos parte de la clase trabajadora con plena capacidad científica y productiva.

Es así como los hombres en mayor o menor medida crecen creyendo que tienen derecho sobre el cuerpo de la mujer, que pueden usarlo como deseen, que es un producto descartable. Esta es la concepción que yace en el fondo del fenómeno de los feminicidios y sirve para mantener la base de la explotación.

El fenómeno de los feminicidios y la violencia contra la mujer no pueden abordarse desde un enfoque principalmente individual, tiene que analizarse desde un punto de vista estructural. Hay una estructura en la que las clases dominantes explotan y someten al pueblo. En esta estructura el lugar otorgado a la mujer es especialmente despreciable y dañino. Pero para las clases dominantes cumplimos un necesario rol para que esta estructura se mantenga. La opresión que pesa sobre los hombros de las mujeres tiene su origen en la propiedad privada de los medios de producción y la sociedad de clases y patriarcal que de ella se derivó. Sobre esa base material se forman las ideas machistas y los aparatos ideológicos y políticos para imponerlas.

Es necesaria la firme condena a todos los asesinos de las mujeres del pueblo y los actos de violencia que contra nosotras se ejercen y a su vez es necesaria la condena a este Estado gran burgués terrateniente, responsable estructural de todas las vejaciones, sometimientos, opresión explotación y asesinato hacia las mujeres populares de nuestro país. No podemos esperar que de este sistema surja justicia o protección para las mujeres del pueblo.

El camino que tienen las mujeres para conquistar la justicia y proteger sus vidas es la lucha y la organización independiente. El camino que tienen las mujeres para librarse de la doble explotación y la doble opresión que sobre ellas pesa, es la revolución.

Foto: Vox populi