A continuación, compartimos una traducción no oficial del último editorial del periódico A Nova Democracia (Brasil).
Defender la guerra de resistencia nacional del pueblo iraní es ahora parte de las tareas de los internacionalistas.

Los ataques yanqui-sionistas del 28 de febrero de 2026 marcan una nueva e inédita fase de la obstinada campaña de agresión contra la nación iraní. Bajo la torpe justificación de combatir el programa nuclear iraní por «ser una amenaza para la existencia de los Estados Unidos», la agresión ya ha causado más de 1,2 mil víctimas, según la prensa iraní, de las cuales el 13 % son mujeres y niños. El número de civiles heridos supera la cifra de 6 mil, lo que se suma a tantos crímenes de lesa humanidad que figuran en el historial de los demonios yanquis y la bestia nazi-sionista.
Lo extraordinario, sin embargo, es la respuesta iraní, que demuestra la dignidad y la determinación de una nación que se niega a convertirse en esclava de los agresores yanquis. El martirio —como ellos mismos llaman a la muerte en la lucha— de Alí Jamenei, líder supremo de la República Islámica de Irán, no es una señal de la superioridad yanqui y sionista; sino un último acto de dedicación a la causa nacional, de entregar la vida para unir a toda la nación, sabiendo que, esta vez, el ataque del imperialismo yanqui sería amplio y decidido a traspasar varias líneas rojas en busca de detener el programa nuclear. Jamenei murió con sus seres queridos, en su oficina oficial, que no era secreta, en su puesto de mando. Está a miles de leguas de distancia de Netanyahu, quien, al escuchar el estallido de una bomba de San Juan, se dirige inmediatamente a buscar refugio y un lugar seguro. El primero, a pesar de todo su pasado, murió convirtiéndose en un héroe de la lucha antiimperialista; el segundo, siempre será un miserable lacayo del imperialismo.
Los acontecimientos son nuevas y profundas manifestaciones de un período particular de la crisis general del imperialismo, de una fase particular dentro de la etapa imperialista de manifiesta desesperación yanqui ante el franco declive de su hegemonía en el mundo; fase en la que, sobre la base de esta descomposición general del sistema imperialista, la explosividad de las masas alcanza niveles extraordinarios, expresados en el avance de la lucha de liberación nacional y de la resistencia antiimperialista y antifascista en los países oprimidos y de la resistencia obrera, popular y antifascista en los países desarrollados, convirtiéndose en un ambiente general cada vez más favorable al desarrollo del factor subjetivo de la Revolución Proletaria Mundial. En primer lugar, “los de arriba no pueden seguir gobernando como antes”: los yanquis recurren a la agresión contra Venezuela, Cuba e Irán, además de mantener más de 800 bases militares en todo el mundo, no porque sean más fuertes que nunca, sino porque ya no pueden imponer su voluntad por simple disuasión militar, sino solo por la fuerza de las armas. Es, ante todo, su fragilidad lo que se destaca y, al hacerlo, empuja a naciones enteras al campo de la Revolución Proletaria Mundial. Los yanquis no pueden controlar como antes, ni siquiera a sus contendientes imperialistas: las redefiniciones sobre la OTAN, el crecimiento de la contienda con Francia, Alemania y, principalmente, con China y Rusia demuestran que la hegemonía yanqui ya está abiertamente cuestionada, y su derrocamiento está determinado por la agudización de las contradicciones interimperialistas, las guerras de liberación nacional y las rebeliones populares contra sus lacayos en los países oprimidos y el violento aumento de la lucha de clases en los países desarrollados. La ofensiva contrarrevolucionaria de carácter general del imperialismo yanqui es derrotada, plano a plano, emboscada en sus contradicciones internas y recibió un golpe muy fuerte con el Diluvio de Al-Aqsa, que puso al descubierto la esencia de la fragilidad del imperialismo y sus lacayos mediante la lucha armada. Aquí también está el segundo elemento: “los de abajo no aceptan seguir como antes”. El crecimiento del factor subjetivo, del movimiento de liberación nacional, no tiene precedentes en los últimos 50 años, al igual que el del movimiento proletario internacional, el resurgimiento de organizaciones populares de autodefensa armada en los Estados Unidos, pasando por el nivel cada vez mayor de conciencia de las masas, aunque incompleta, sobre la esencia del sistema de explotación y opresión, hasta el reaparecimiento de un Movimiento Comunista Internacional revivido y en marcha hacia la reunificación, como tampoco se veía desde hace 40 años.
Millones de masas en Oriente Medio, Asia, Europa, América Latina y en el interior de los propios Estados Unidos se levantan en un nuevo impulso del movimiento antiimperialista; guerras de liberación nacional, de resistencia y guerras populares en todo el mundo se alzan en tormenta. Las agresiones imperialistas lanzan a divisiones enteras de las naciones oprimidas al campo de la lucha bélica contra el imperialismo, contra los demonios yanquis; reaparece la importancia del revisionismo, ahora de Xi Jiping, como peligroso traficante que busca, con el apoyo de los revisionistas de todo el mundo, empalmar la lucha antiimperialista con sus planes hegemonistas. Se trata, realmente, de un nuevo período, un período particular, con características distintas; un nuevo período de revoluciones.
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La autodefensa iraní ha asestado duros golpes a los agresores, demostrando una gran capacidad militar para una guerra defensiva de carácter prolongado. Según fuentes iraníes, hay más de 650 bajas entre las tropas yanquis-sionistas, entre muertos y heridos, lo que obviamente no admiten los agresores. Las bases militares yanquis en Kuwait, Baréin, Irak, Catar y los Emiratos Árabes han sido alcanzadas por misiles y drones iraníes. Irán ha lanzado más de 500 misiles balísticos y 2 mil ataques con drones contra más de 27 bases o instalaciones militares yanquis o sionistas en diez países diferentes. Las organizaciones antiimperialistas de la región también se levantaron y atacaron objetivos yanquis en Yemen, Irak, Kuwait, Siria y Líbano, con más de 100 ataques con cohetes y drones.
La estrategia iraní está bien definida desde los primeros días de la resistencia a la agresión extranjera. El control del estrecho de Ormuz es una parte estratégica de la defensa de la nación: con él, Irán controla el tráfico del 20 % del petróleo mundial, que circula por esta estrecha ruta marítima, aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo al día.
El país persa anunció el cierre de la ruta y, acto seguido, el tráfico de petroleros cayó alrededor de un 70 %, una interrupción sin precedentes recientes. De esta manera, la agresión yanqui-sionista resulta, inevitablemente, en el aumento del precio internacional del petróleo, cuyo barril, que hasta hace unos meses costaba 45 dólares, ahora se cotiza a más de 80 dólares — y la consiguiente presión inflacionaria mundial, con graves riesgos de recesión global, lo que afecta a todas las potencias imperialistas y a las monarquías lacayas de la región, además de divisiones en el seno del establishment yanqui, que se traducen en presiones para poner fin a las agresiones.
Cuanto más se prolongue la agresión, mayor será el costo político, económico y militar para los yanquis; y, de todos modos, el aislamiento político ya se hace sentir, con el mayor cuestionamiento de la hegemonía yanqui en curso en Europa y Asia, que se profundizará. No en vano, Francia ha anunciado, mientras tanto, que reanudará la producción para mejorar su arsenal nuclear, al tiempo que Rusia y China también lo hacen.
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Nosotros, el movimiento antiimperialista y los internacionalistas, debemos levantar un poderoso movimiento de apoyo a la guerra de resistencia nacional del pueblo iraní, sumado al movimiento ya en curso de apoyo al pueblo venezolano y al pueblo palestino. Son diferentes frentes de la misma lucha internacional contra el imperialismo, de la que forman parte y son vanguardia las guerras populares en la India, Perú, Filipinas y Turquía, cuyos movimientos de apoyo son inseparables de los anteriores. Defender la guerra de resistencia nacional del pueblo iraní es ahora parte de las tareas de los internacionalistas, siempre señalando la necesidad de la dirección proletaria, pero en frente único contra el enemigo común, el agresor imperialista.
