por Benjamín Sánchez

El día 4 de junio, se realizó en la Universidad de Antioquia, un evento de socialización de la lucha por la tierra en Aguas Blancas, Cesar.
Ya hemos informado semanas atrás, que en aquel corregimiento de Valledupar, se realizó la recuperación del predio “Caja de ahorros #1”, predio que era propiedad del condenado paramilitar Hugues Rodríguez y que desde hace décadas se encuentra en el lento y parsimonioso proceso de extinción de dominio para la ineficiente reparación a las víctimas.
El evento comenzó con una breve introducción de contexto, donde se expusieron cifras del problema de la tierra en el departamento del Cesar. Los compañeros expusieron que en aquel departamento hay mucha tierra concentrada en pocas manos. El 10% de los grandes propietarios acaparan más del 80% de las tierras y se tiene un índice Gini de 0,74. También se mencionó que la región fue históricamente azotada por la violencia latifundista y paramilitar contra el campesinado: masacres, desplazamientos y todo tipo de violaciones y ultrajes contra las masas campesinas.

En el espacio estuvieron presentes tres campesinos: una mujer, un jóven y un mayor. Todos tres relataron un poco de sus historias de vida, testimonios de los cuales sobresale que los tres fueron víctimas de desplazamiento forzado en décadas pasadas, perdiendo la tierra y el sustento de sus familias.
Por ejemplo, el joven campesino expuso que siendo niño fue desplazado con su familia por grupos paramilitares. “Ahora hago parte de la guardia campesina de Aguas Blancas. La guardia campesina es para proteger y defender a los campesinos. Nuestras herramientas son hondas, bastones, machetes. […] ¿Por qué es necesaria una guardia? Si nosotros no tenemos guardia, al momento de tomar un predio, si no nos ven organizados y preparados, entonces la policía y los terratenientes nos sacan de inmediato.”
La mujer campesina, expuso muy sentidamente, sobre la importancia de las mujeres y la lucha de la mujer campesina. “Este sentimiento no es de tristeza, es de alegría. Mis padres fueron campesinos. La lucha de la mujer campesina es muy fuerte, somos las primeras en levantarnos y las últimas en acostarnos. Eso quiere decir que trabajamos el doble, cocinar, cuidar niños, tengo dos hijos, cuidar al hombre, eso nos da fuerza.” […] Uno tiene que cocinar para 100 personas, el machismo sale a relucir ahí, te dicen que esa es tu labor, pero nosotras también hacemos guardia, usamos el machete, somos fuertes, valientes, como mujeres no nos queda nada difícil, nada imposible, como mujer campesina todo lo podemos hacer.”
El mayor campesino, hizo una invitación a los jóvenes asistente para apoyar la lucha campesina y particularmente la lucha en Aguas Blancas. Contó que hace 2 días se hizo la repartición de los lotes, y ya cada familia campesina tiene su pedazo de tierra. Sin embargo, afirmó que “la lucha no ha terminado. Yo les digo a todos los que están aquí, se pongan la mano en el corazón, estamos contentos, agradecidos, pero reitero, ayúdenos. […] Porque ¿De qué nos sirve que nos den un pedazo de tierra, si no se siembra? ¿Qué vamos a comer, tierra?”. El compañero planteó que, de aquí en adelante sigue la lucha por poner a producir las tierras recuperadas y establecer allí una producción que permita el sustento de las familias. Porque realmente, a diferencia de los latifundistas, que tienen tierras para acaparar, los campesinos quieren es sembrar. “La tierra es para quien la trabaje, si no tenemos donde sembrar una mata, tenemos que irnos a la ciudad a sufrir y pasar necesidad”, afirmó el compañero campesino.
En el evento los compañeros campesinos vendieron galletas y suero costeño para financiar su viaje. También hubo un gran ambiente de solidaridad por parte del público, que emocionado cantaba consignas y aplaudía la experiencia campesina.







