por Carlos Romero

El 5 de mayo, 40 familias campesinas de Aguas Blancas, Cesar, y sus alrededores ingresaron al predio Caja de ahorros 1 para recuperar la tierra, para ponerla a trabajar y a servir a las masas empobrecidas de la región. Esta recuperación refleja un paso importante y una tendencia a seguir en el movimiento campesino; la toma de tierras como única vía para conquistar la tierra, basados en sus propios esfuerzos, organizándose y preparando la lucha de manera independiente. Este camino cada vez es más claro para el campesinado ante las promesas incumplidas del gobierno de Petro de entregar tierra; cada vez más los campesinos desechan las falsas ilusiones y las migajas que ofrece de la Agencia Nacional de Tierras, y empieza a retomar el camino de la recuperación combativa.
En Jamundí, Valle del Cauca, aproximadamente 1.500 hectáreas cultivadas con piña son reclamadas por campesinos que buscan recuperarlas. Históricamente, la finca perteneció al narcotraficante Chepe Santacruz, y actualmente la SAE asegura estar realizando una recuperación de un sector de más de 500 hectáreas contra ocupantes irregulares. Mientras los medios locales defienden los intereses de la familia terrateniente Zamorano y vinculan a los campesinos con grupos armados, las voces campesinas sobre su necesidad de tierra quedan silenciadas.
En la Costa Atlántica, en municipios de Magdalena y Sucre, se han registrado tomas de fincas como El Delirio y Marchenita por campesinos que buscan tierras para trabajar. Las acciones de los campesinos se presentan como reclamos por soluciones del gobierno, pero la prensa local y exfuncionarios del sector agropecuario han denunciado estas tomas como “invasiones”. En algunos casos, estas ocupaciones se produjeron en terrenos sujetos a procesos legales de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), reflejando la tensión entre promesas gubernamentales de entrega de tierras y los intereses de grandes ganaderos y terratenientes.
En el sur de Colombia, en Nariño, comuneros indígenas y campesinos también han realizado movilizaciones para reclamar tierras en fincas de Guachucal. Regiones históricamente dedicadas a la ganadería, como Santa Ana, El Hospital y La Merced, han sido escenario de estas acciones, en las que algunos predios se encuentran en proceso de negociación con la Agencia Nacional de Tierras. De igual manera en el Cauca un grupo de campesinos se han tomado una de las oficinas de las ANT en Popayán exigiendo la adjudicación de tierras.
El significado y la importancia actual de las tomas de tierras
Nos encontramos ante un panorama nacional en el que las clases dominantes nuevamente usan todos sus medios para intentar movilizar al pueblo hacia las urnas, estamos ante un nuevo circo electoral que vuelve con sus falsas promesas. Este panorama no es nuevo para el movimiento popular, históricamente las elecciones y los gobiernos populistas han servido de apagafuegos de la lucha popular, actualmente los 4 años de discursos rimbombantes y promesas incumplidas del gobierno oportunista de Gustavo Petro son expresión de la estrategia de pacificación aplicada en contra del pueblo.
Tras el Gran Levantamiento Popular de 2021, las clases dominantes se vieron empujadas a poner una figura de apariencia “democrática” que siguiera garantizando los intereses del imperialismo y la clase terrateniente mediante un rio de falsas promesas que mantuviera al movimiento popular docil y quieto a la espera de migajas, así, Petro a fungido como pieza clave para el intento de pacificación de la lucha popular.
Lo corrosivo de este gobierno se expresa en el campo a través de la Agencia Nacional de Tierras, en cabeza de su director Felipe Harman, quienes han buscado penetrar en el movimiento campesino para evitar las tomas de tierras mediante su fallida reforma agraria. En campaña Petro prometió que daría 3 millones de hectáreas a los campesinos, pero hasta ahora ha dicho que “con un gran esfuerzo podríamos llegar a 500 mil al final del gobierno”, y las pocas entregas que ha hecho las ha hecho mediante pactos con los terratenientes comprando una parte de la tierra a precios altos, en palabras de Petro “estamos comprándola a precio comercial, es más, estamos elevando el precio de la tierra”, haciendo más ricos a los terratenientes y legalizando el despojo violento que hicieron de las tierras campesinas con sus fuerzas militares y paramilitares, además, son los terratenientes quienes deciden qué parte de la tierra vender, aprovechando para deshacerse de sus peores tierras, como ya se ha evidenciado en varias compras estatales de tierras inadecuadas para la producción agropecuaria.
Se han dedicado a prometer tierras y mostrarse amigos del campesinado, y cada tanto entregan un par de migajas para mantener la ilusión en el seno del campesinado, de que si “espera juicioso” tal vez sea el próximo beneficiado de las esporádicas entregas, y la par la estrategia les ha servido para fortalecer los terratenientes con dinero del estado.
A la estrategia desmovilizadora del oportunismo, se suma una historia de represión y brutal violencia en contra del campesinado, el ejercito y los paramilitares mediante masacres y desplazamientos han mellado por décadas en la mentalidad del campesino para hacerle temer al terrateniente, para desmoralizarlo ante la idea de tomar la tierra y resistir en ella, los múltiples golpes al movimiento campesino, con asesinatos selectivos a lideres o masacres en los territorios hacen dudar al campesino de su propia fuerza para recuperar la tierra, y lo llevan a depositar su confianza en cualquiera que le ofrezca una “vía pacifica” para volver a la tierra, esa bandera de las ilusiones en la “vía pacifica” la lleva hoy el gobierno con la ANT.
De manera concreta, el norte del Cesar ha sido un lugar en el que infundió terror al campesinado, allí comandaba tranquilamente el paramilitar Jorge 40 quien de la mano de la clase terrateniente de la zona buscaron difundir el terror sobre los campesinos y hoy lo siguen haciendo las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada y el Clan del Golfo. Es por esto que la recuperación del predio Caja de ahorros #1 en Aguas Blancas, norte del Cesar, es un ejemplo del camino del movimiento popular para retomar la confianza en sus propias fuerzas.
Las condiciones del predio, por un lado, su historia, pues este perteneció Hugues Rodríguez, temido paramilitar de la zona y testaferro de Jorge 40, y por otro lado, las incontables promesas de la ANT para contener las tomas en la zona pudieron dejar a los campesinos en la quietud; de hecho, esta zona, a diferencia de otros lugares del departamento, no cuenta con tradición en recuperaciones de tierras, los campesinos de Aguas Blancas se atrevieron a dar el primer paso para una recuperación en el sector; allí radica la importancia de esta acción, en un momento, y bajo unas condiciones que podrían apuntar a la pacificación del campesindo, 40 familias campesinas, cansadas de las falsas promesas del gobierno, cansadas de esperar un par de migajas, decidieron confiar en sus propia fuerza, prepararse, organizarse e ingresar a la tierra para conquistarla con lucha.
Tras tres días de campamento resistiendo a las hostilidades de la policía que salió en defensa del paramilitar Rodríguez amenazando con desalojar a los campesinos, tras desplegar acciones combativas y contundentes como el bloqueo de la Ruta del Sol en el tramo contiguo a la tierra recuperada, y tras mantenerse firme en oposición a las fuerzas represivas del Estado, los recuperadores de Caja de Ahorros #1 empujaron a la ANT y la Sociedad de Activos Especiales a hacer presencia en el predio y con sus combativas acciones los llevaron a llegar a un acuerdo previo para reconocer legalmente la propiedad de la tierra que conquistaron con organización y lucha.
Por ahora las familias recuperadoras se mantienen en campamento, saben que ante las múltiples promesas incumplidas de la ANT deben mantenerse en pie de lucha, seguir presionando para que se les adjudique de manera definitiva el predio, y también para resistir a la represión, tanto del estado, como de la paraestatalidad, que envía a sus hombres a reprimir e intimidar cada vez que sus actores “legales” quedan maniatados.
Recuperar la confianza las propias fuerzas, desechar la ilusiones y preparar la lucha, osar tomar la tierra, atreverse a dar el primer paso para infundir esperanza donde han infundido miedo, ese el ejemplo que dejan hoy los campesinos y campesinas en Aguas Blancas, una muestra del camino que debe seguir el movimiento popular y en particular el movimiento campesino, levantando la bandera de la toma de tierras como única vía para recuperar la tierra.




