por Colaborador Nueva Democracia

Estados Unidos ataca a Irán
De manera pérfida y traidora, Estados Unidos e Israel atacaron y bombardearon a Irán sorpresivamente, mientras se encontraban en curso negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán. El ataque coordinado entre dos potencias atómicas contra el pueblo iraní y su gobierno buscaba causar en una noche de bombardeos lo que, según Trump, era una maniobra de cambio de régimen en Irán. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel llevaron a cabo un ataque de decapitación contra Irán. Masacraron a Alí Jamenei y a parte de su familia, incluyendo a su pequeña nieta. Asimismo, se lanzaron ataques a puestos de mando y a las casas de comandantes y cuadros del «régimen iraní». Entre los blancos de la coalición Estados Unidos-Israel se encontró un colegio de niñas, que fue hecho pedazos, y murieron más de 180 de ellas; una masacre aberrante, porque evidentemente tenían la información suficiente sobre sus blancos para lanzarles un misil Tomahawk, que tiene un costo de cerca de 1.8 a 2 millones de dólares. Un misil preparado para causar el mayor daño y destrucción posible sobre sus objetivos.
Pero el pueblo iraní, profundamente ofendido por el vil ataque y la eliminación de su líder espiritual Alí Jamenei, salió a las calles a manifestar su rechazo y su disposición de luchar contra Estados Unidos e Israel hasta la muerte. El presunto cambio de régimen no ocurrió y, para sorpresa de medio mundo, Irán contraatacó y destruyó casi todas las bases norteamericanas en todo el golfo Pérsico; es decir, Irán atacó las bases de Estados Unidos e Israel que se encontraban en siete países distintos. El ataque en Baréin con un dron Geran 3 destruyó un radar estadounidense valorado en más de 1.100 millones de dólares. El dron Geran 3, de origen iraní pero con electrónica rusa, demostró ser un arma muy eficaz contra objetivos estratégicos en la guerra ruso-ucraniana; un diseño producto de la ingeniería iraní que se ganó su lugar en el campo de batalla por su efectividad. Matemáticamente hablando, un dron Shahed 136 iraní cuesta cerca de 20 mil dólares, mientras que la versión rusa Geran 3 cuesta cerca de 70 mil dólares. Irán posee un arsenal de drones y misiles balísticos en masa que supera en cantidad al arsenal de Estados Unidos. Con su industria es capaz de construir 500 drones Shahed al día y una cantidad considerable de misiles balísticos al mes. La cantidad tiene su calidad, y la guerra ruso-ucraniana demostró, lo que después se vino a corroborar en la guerra de los 12 días del año pasado, que los sistemas de defensa antiaérea Patriot y toda la «cúpula de hierro» son ineficientes en la interceptación de misiles balísticos hipersónicos y drones como el Shahed o el Geran 3. Por ejemplo, la tasa de interceptación de los misiles hipersónicos iraníes oscila entre el 5 y el 15 %. Cada misil balístico iraní cuesta alrededor de 80.000 – 100.000 dólares, mientras que un misil Patriot cuesta alrededor de 3 millones de dólares; es decir, en números, Irán podría librar una guerra de desgaste bloqueando el estrecho de Ormuz para derrotar a Estados Unidos e Israel en su guerra de agresión. Antes de la firma del memorando de entendimiento y del cese al fuego, Irán ha venido ejecutando un plan por etapas no solo para usar su viejo arsenal en las primeras oleadas, logrando saturar y penetrar las defensas israelíes, las bases norteamericanas y las de todos sus aliados en el golfo Pérsico, sino que, en la medida en que se agotan los arsenales sionistas y yanquis, Irán lanzará sus misiles más poderosos contra objetivos estratégicos.
Todas esas monarquías árabes sunitas y corruptas ahora afrontan una situación crítica y aguda. En algunos países como Baréin, donde la mayoría de la población es chiita pero sometida y dominada por una minoría sunita aliada y amiga de los designios de Israel y Estados Unidos, han tenido que hacer frente al descontento popular y a protestas por toda la región. En medio de las agudas protestas en Baréin, en febrero el monarca puso pies en polvorosa y huyó del país por algunos días. En el Líbano, donde Israel comenzó a bombardear Beirut y el sur del país luego de que se firmara el cese al fuego del 7 de abril, pasó a ser el nuevo campo de batalla bajo la óptica sionista de su seguridad nacional: la seguridad para Israel es la inseguridad para sus países vecinos. La guerra de agresión sionista ha sido contundentemente repelida por la resistencia nacional que lleva a cabo Hezbolá en el sur del Líbano, país que resiste a los bombardeos y la invasión de Israel. En ese mismo sentido, Israel ha fracasado en su continuo intento de provocar una guerra civil en el Líbano al exigir el desarme de Hezbolá por medio del Ejército del Líbano, y de utilizar todo el aparato estatal del Líbano para dicho fin, un Estado completamente manejado por Israel. Es de esta manera que en el Líbano la simpatía o neutralidad de los cristianos y los sunitas hacia Israel ha venido virando hacia lo contrario, sobre todo después del genocidio en Gaza: han comenzado a ver a Israel como un país agresor y anexionista. Las masas en Oriente Medio comprenden que en su sueño del «Gran Israel» no hay cabida para la soberanía de los pueblos y las naciones. Es de esta manera que en la presente guerra, incluso desde el genocidio en Gaza, las masas en Oriente Medio se han visto obligadas a movilizarse y oponerse a los designios de Israel y del imperialismo. Hoy día, la mayoría de la población en el Líbano está por la resistencia nacional, y las protestas en el Líbano en contra del gobierno se han hecho sentir.
Las consecuencias de la guerra se han hecho sentir con fuerza en la región, porque la mayoría de los países de Oriente Medio fueron creados por el Imperio Británico de manera artificial, atropellando las fronteras de las decenas de naciones y pueblos que habitaban la región. Todos dependen del estrecho de Ormuz para solventar las necesidades básicas como sociedad. Pero no solo para la región: el mismo Estados Unidos enfrenta una escasez de diésel y queroseno para la aviación debido al cierre del estrecho. Todo Oriente Medio se encuentra bajo la influencia de la guerra y la lucha contra Estados Unidos e Israel. La revuelta chiita por la muerte de su líder espiritual y religioso vino a desencadenar un ataque masivo de las milicias chiitas en Irak contra las bases estadounidenses y la embajada de ese país. Pronto, como anunciaron los hutíes, se sumarán a la guerra de forma inminente bloqueando el estrecho de Bab el Mandeb, lo que agravaría aún más la crisis energética que acaba de arrancar y va a afectar la economía mundial. Algunos economistas aseguran que el mundo podría entrar en una crisis similar a la de la década de los 30 del siglo pasado. Todas las petromonarquías del golfo Pérsico venden su petróleo en petrodólares, los cuales luego eran destinados a las bolsas de la IA en Estados Unidos; la crisis tiene el potencial de desplegarse en efecto dominó. Las monarquías del golfo Pérsico, con la crisis en Oriente Medio, ya no podrán vender su petróleo al mundo, y esto podría acelerar el estallido de la burbuja en la IA. Europa se vio afectada desde el día uno de la guerra con el incremento de cerca del 40% de los precios del gas en menos de una semana. India, Japón y Filipinas se ven fuertemente afectados, porque algunos países dependen mucho del petróleo y gas de Oriente Medio; por ejemplo, Japón, cerca del 90% de su petróleo proviene de Oriente Medio. Luego existe esta situación en donde muchos aliados de Estados Unidos se están viendo seriamente afectados por su decisión unilateral. Corea del Sur ve cómo Estados Unidos retira sus sistemas de misiles de su país y debilita la presencia norteamericana en Asia y el Pacífico, lo que objetivamente favorece a China en su intento de reunificación de Taiwán.
Desde el punto de vista de los que muchos llaman el «imperio gringo», la presente guerra hace parte de su plan estipulado hace años de atacar a Irán para «propiciar un cambio de régimen» y establecer la dominación «estable» yanqui sobre las naciones y pueblos de Oriente Medio ampliado, zona estratégicamente importante tanto desde el punto de vista del suministro energético y rutas comerciales, como de posicionamiento militar estratégico, así como el plan de intentar golpear a Irán para golpear a China, su economía y obligarla a entrar en recesión económica. La implicación de Rusia y China en la presente guerra hasta el momento ha sido la de suministrar sistemas de defensa antiaérea S-300 y radares chinos de última tecnología, y operarlos con personal suyo. Los últimos cazas de combate Mig 29 y Sukhoi 35 otorgados a Irán son operados por los mismos rusos. La información satelital para haber golpeado el portaaviones Abraham Lincoln provino de las imágenes de la inteligencia rusa y china. En la medida en que el conflicto se prolongue, la participación más activa de estos países escalará el conflicto con un potencial de llegar a ser una guerra nuclear y mundial. Los yanquis y sionistas esperaban lograr un cambio de régimen en Irán en solo unos cuantos días, pero para su sorpresa la situación se les salió de sus manos y se ven inmersos en una guerra que amenaza con convertirse en una guerra de desgaste con implicaciones en la economía mundial. El imperio se encuentra sobreextendido; Israel, por su parte, está dispuesto a destruir todo Oriente Medio en su sueño del «Gran Israel». A los sionistas no les importan los cristianos, chiitas, sunitas y kurdos de la región, porque son estorbos para su anhelo expansionista. Sin embargo, la crisis se agudiza al interior de Israel: la cúpula de hierro ha colapsado al perder los grandes radares de alerta temprana en todo el golfo Pérsico; las sirenas literalmente suenan apenas 2 o 3 minutos antes de que un misil iraní golpee su objetivo. Se estima que en 15 días a 3 semanas el arsenal de misiles interceptores de Israel se agotará, e Israel puede afrontar una amenaza existencial, lo cual posibilitaría el uso de armas nucleares en la presente guerra.
La tendencia hacia la guerra mundial y hacia la lucha antiimperialista en todo el mundo, mezclada con levantamientos populares y revoluciones, tiene ahora su eje de gravedad en Oriente Medio. El conflicto en Oriente Medio tiene el potencial de convertirse en una guerra mundial y nuclear. Nunca como antes la necesidad de la lucha popular ha sido tan necesaria, porque como escribió un combatiente de la batalla de Verdún: «Revolución o muerte». Sigue siendo una verdad, y en los momentos actuales y en las horas más terribles, los pueblos deberán resolver ese dilema.




