por Colaborador Nueva Democracia

Un gran debate se ha generado en Estados Unidos a causa de la utilización de sistemas de cámaras inteligentes coordinadas con IA en el reconocimiento de matrículas vehiculares. El objetivo de las cámaras es recopilar información de rutas, recorridos y rutinas de los ciudadanos estadounidenses para luego lucrarse con la venta de dicha información. La empresa abanderada del nuevo negocio de vigilancia es “Flock Safety” un monopolio que hace de la libre circulación y privacidad de los ciudadanos norteamericanos un lucrativo negocio, haciendo añicos la libertad e integridad de los ciudadanos de Estados Unidos, el país en el que la libertad es solo una estatua.
Los mismos internautas han denunciado que las cámaras de Flock no solo toman imágenes y vídeos, sino que además hacen un registro de las direcciones MAC de las conexiones WIFI de los celulares cercanos para recopilar datos e identificar personas. El rechazo a Flock ha llevado a que se genere un movimiento “antiFlock”, es decir, un movimiento en donde un grupo de personas se dedica a la labor de sabotaje o destrucción de las cámaras de Flock. En redes sociales se puede apreciar las distintas formas de lucha y las ideas creativas que están realizando las personas para bloquear la vigilancia del “Gran Hermano.”
La manía de vigilar a la población en la sociedad norteamericana, viene desde la política imperialista de lucha contra el “terrorismo” tras el 9-11. Bush fue el que quizás más recortes y restricciones hizo a la libertad individual y privacidad de los ciudadanos norteamericanos, convirtiendo al país en un Estado altamente policiaco y e intromisivo. Antes de los gringos, fueron la Gestapo de la Alemania Nazi la que trató de construir una inteligencia estatal capaz de conocer casi todo sobre el pueblo alemán. La Gestapo manejó fichas personales de cada ciudadano alemán, donde se detallaban sus ideas políticas y algunos secretos íntimos. La Gestapo instalaba micrófonos en cafeterías y contaba con una sólida red de informantes y soplones por todo el país. Así fue la dictadura fascista y su poderosa vigilancia, que a pesar de ser la mejor en su tiempo, fue incapaz de derrotar la resistencia francesa y la resistencia del pueblo soviético en las zonas que trató subyugar, en medio de la Segunda Guerra Mundial. Hoy la supervigilancia digital, el uso de las redes sociales y de algoritmos para tratar de controlar a las masas, ha llevado a una situación en la que la vida digital de las personas y su información, están almacenadas en plataformas privadas, en manos de un monopolio poderosísimo. Hoy día los dispositivos celulares son dispositivos activos de escucha que puede activar el algoritmo para ofrecer bienes y servicios, para saturar luego con publicidad según los intereses o diálogos cotidianos que mantenga cada persona.
Con la maduración del Sionismo como movimiento político al interior de los Estados Unidos, la vigilancia y control del Estado ha pasado a ser una política de corte más fascista. La novela de George Orwell en donde se describe cierta forma de un Estado hipervigilante que todo lo sabe, y se le conoce con el título del “Gran Hermano”, viene literariamente a describir en lo que se está convirtiendo el “Estado Gringo” y la sociedad en conjunto.
La supervigilancia y recorte de las libertados individuales es la tendencia hoy día en todos los países del mundo, es una esencia de la dictadura burguesa. La reacción política en toda línea, tarde o temprano genera un rechazo popular en cada uno de los campos en los que se manifiesta. Y en las calles tiene que ser el sitio en donde se tiene que volver a conquistar la libertad y privacidad individual que los monopolios y el Estado le arrebataron a la sociedad, por tal motivo es importante aprender del movimiento antiFlock en los Estados Unidos, del desarrollo y de su desenlace, aprender de la lucha de las propias masas contra la supervigilancia digital de los Estados y en la destrucción y sabotaje de su sistema de cámaras inteligentes.




