por Redacción Nueva Democracia

Como ya lo auguraba el movimiento popular, en sus primeros días de gobierno, el “tigre”, el “defensor de la patria” yanqui, ha seguido a rajatabla la estrategia de seguridad del imperialismo yanqui y las solicitudes de su perro guardián, Israel. El nuevo gobierno reaccionario no ha escatimado esfuerzos en mostrar su disposición a ser uno de los más fieles lacayos. Incluso en momentos de trágicos desastres naturales como el terremoto que sacudió a nuestro país, el servidor de Trump ha cumplido con los compromisos adquiridos en materia de seguridad con los yanquis y de respaldo a Israel.
Este 12 de agosto Colombia formalizó su ingreso a la Coalición de las Américas Contra los Carteles (A3C), en el marco de la iniciativa “Escudo de las Américas”, coalición al mando de los yanquis en la que participan los gobiernos más lacayos de la región, destinada a compartir inteligencia y coordinar operaciones militares con el fin de combatir el “crimen transnacional”, especialmente los “carteles de la droga”, categorizados ahora como grupos “terroristas” y en donde también puede entrar un amplio espectro de organizaciones llamadas por el imperialismo como “terrorismo de extrema izquierda”, lo que incluye, según sus propias palabras, “antifascistas, anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas y marxistas” y demás presuntos “criminales” como ya lo hemos visto con los pescadores y campesinos victimas de bombardeos en nuestro país. Según el ministro de Defensa, Jorge Mora, esta decisión “reafirma el compromiso de una respuesta hemisférica coordinada frente al terrorismo y el narcotráfico”. Es decir, el papel de Colombia como “portaaviones” del imperialismo yanqui para la profundización de su dominio en la región.
En la declaración formal del Ministerio de Defensa sobre el ingreso al Escudo de las Américas, se destaca que De la Espriella ha invitado a Estados Unidos a “profundizar la planeación, coordinación y ejecución de operaciones contra amenazas comunes en el hemisferio” y se le “agradece” a Pete Hegseth (Secretario de Guerra yanqui) por “aceptar” dicha invitación (¿acaso se puede ser más servil?). Posteriormente, desde Ciudad de Panamá, el mismo Hegseth expresó que “Colombia ya solicitó que el Departamento de Guerra se sume en su lucha contra el narcoterrorismo, autorizando operaciones militares conjuntas para destruir terroristas y redes terroristas”, objetivos militares que EEUU planea atacar “en tierra y en territorio colombiano” como ya lo ha hecho en aguas internacionales con el bombardeo de lanchas en el mar Caribe y en el Pacífico. Las palabras de este yanqui fueron pronunciadas en el marco de los “ejercicios militares conjuntos Panamax 2026” en los que participan más de 21 países y 1.700 efectivos preparando a los ejércitos reaccionarios del continente para estas operaciones conjuntas, ejemplos de las cuales ya hemos visto este año en Ecuador y Venezuela.
El vendepatria de Uribe, otro fiel lacayo del imperialismo yanqui, ante el descontento popular por la “autorización de operaciones militares conjuntas” con las que se viola la soberanía de nuestra nación, salió a defender la intromisión del imperialismo yanqui argumentando que “la ayuda de USA es recuperación de soberanía, no violación”, añorando la continuación del “plan Colombia” que impulsó en su gobierno, plan de guerra contra el pueblo que fortaleció la represión militar y paramilitar, golpeando fuertemente al movimiento popular.
El pasado 7 de agosto, día en que Abelardo de la Espriella se posesionó como presidente de Colombia, el Departamento de Estado de EEUU anunció que tiene previsto destinar un paquete de seguridad de 1.000 millones de dolares para Colombia. Un paquete que planea robustecer “las fuerzas de seguridad colombianas” mediante tecnología, elevar su capacidad operativa y desplegar operaciones coordinadas con las fuerzas yanquis, además de ampliar “la cooperación” económica. A este anuncio, el gobierno lacayo respondió afirmando que “Colombia recuperó su lugar en el mundo y su condición de aliado confiable y estratégico de Estado Unidos”. En verdad nunca ha dejado de serlo. Todos los gobiernos colombianos han sido lacayos del imperialismo yanqui y, tal como “orgullosamente” lo dijo uno de estos vendepatrias (Santos), han tratado de convertir a Colombia en el “Israel sudamericano”.
Este paquete que promete el imperialismo yanqui para Colombia, es una recompensa y aliento para demostrar que EEUU “apoya firmemente a sus amigos y aliados” en otras palabras a los gobiernos alineados a sus intereses de mayor sometimiento, control y saqueo de la región. Ya lo dijo Nate Morris, el embajador de EEUU propuesto por Trump para Colombia: “tengo muchas esperanzas en el nuevo gobierno (…) tenemos una oportunidad extraordinaria para abrir la economía colombiana una vez más para realizar inversiones que creo serán lo mejor para EEUU”, y enlistando las tareas de Abelardo, expresó que “Colombia saldrá de la Ruta de la Seda” requisito que no dudará en cumplir el nuevo gobierno sirviendo a los planes del imperialismo yanqui en la contienda con el socialimperialismo chino por el control de América Latina.
Como tampoco ha dudado este gobierno en salir a respaldar al sionismo israelí, perro fiel del imperialismo yanqui. Ya De La Espriella ha tenido comunicación directa con el genocida Netanyahu, en la que se han llenado de halagos entre dos criminales de la misma calaña. “Este es un nuevo tiempo para las relaciones entre Colombia e Israel (…) ¡Colombia e Israel, siempre amigos y aliados!”. Apresurándose a cumplir sus compromisos, en medio de una catástrofe nacional como lo fue el lamentable terremoto en nuestro país, De La Espriella, sacó un comunicado reconociendo la “soberanía de Israel sobre los altos de Golán” (territorio Sirio), lo que llevó al rechazo nacional por la desconexión con la situación del país y porque políticamente salió a respaldar la ocupación por la fuerza de territorio de Siria, zona que Israel ha invadido y se quiere anexar en nombre de su “seguridad y defensa nacional”. Esta posición solo la ha tomado EEUU y, ahora, Colombia, recibiendo el rechazo también internacional de más de una veintena de países árabes, que condenan la colonización de la entidad sionista israelí. Por supuesto el carnicero Netanyahu agradeció tan “noble” gesto de apoyo: “hoy el pueblo [israelí] está con Colombia, ya que el presidente, nuestro amigo, ha reconocido la soberanía de Israel en los Altos del Golán. Te lo agradezco”.
Estos compromisos con el genocida Netanyahu hacen parte de los acuerdos de Isaac con los que Israel busca expandir su red de alianzas políticas, económicas y militares en América latina. Ya lo ha hecho con Milei en Argentina y recientemente con el nuevo gobierno de Colombia, quien en su primera semana ha expresado una serie de medidas acordadas con el canciller israelí Gideon “para revitalizar las relaciones entre Israel y Colombia y llevarlas a su nivel más alto de todos los tiempos”. Medidas tales como quitar el requisito de visa, trasladar la embajada a la ciudad de Jerusalen ocupada en reconocimiento a la “eterna capital de Israel” (arrancada a sangre y fuego al pueblo palestino) y retirar a Colombia de la denuncia por genocidio en Gaza ante el Tribunal de La Haya.
Otra muestra de este nuevo momento de las relaciones con la entidad sionista de Israel fue la presencia de militares israelitas que llegaron como rescatistas tras el terremoto, impulsados por el nuevo gobierno. Pero si el gobierno los quiere, el pueblo no, por eso la gente en Cali les acusaba de lo que en verdad son: asesinos y genocidas del pueblo palestino.
Los planes del imperialismo yanqui de mayor militarización de América Latina para reforzar el dominio en lo que considera su “patio trasero” y los sueños del “tigre” de convertirse en el favorito de Trump poniendo en bandeja de plata a la nación colombiana, no pueden más que generar descontento popular y una corriente democrática y antiimperialista de rechazo a la intervención yanqui y de defensa de la soberanía nacional, como ha pasado en Palestina e Irán, ejemplos para los pueblos del mundo. A pesar de lo mucho que ruja el “tigre” o del “terror” que infunda, el pueblo colombiano organizará la resistencia en defensa de la patria.
A pesar de la campaña de miedo impulsada por el nuevo gobierno y amplificada por sectores de la oposición, De la Espriella fue recibido por el pueblo con manifestaciones. La juventud ha sido de nuevo la principal protagonista de estas primeras protestas. El pueblo no debe intimidarse ante las amenazas del “tigre” sino unirse, organizarse y preparar sus fuerzas para resistir contra este gobierno pro imperialista y todos sus ataques a los derechos del pueblo. El futuro pertenece a los pueblos, no al imperialismo y sus lacayos.




