Foto. Sergio Acero

El 28 de abril de 2021 quedará grabado por siempre en la gloriosa historia de las luchas del pueblo colombiano. A partir de ese día y por más de dos meses, un gran huracán popular recorrió las calles de cientos de municipios de nuestro país. El grito rebelde de un pueblo largamente oprimido rugió por las calles. Millones de masas inundaron las avenidas de las principales ciudades del país, crearon puntos de resistencia en las barriadas pobres, organizaron y armaron sus líneas de combate. Heroicas batallas desplegaron la juventud popular en contra de la policía que actúo rabiosamente como fiel guardiana del injusto orden social actual.


El gobierno de Duque y los grandes burgueses y terratenientes a los que representa, intentaron primero, a través de sus medios masivos de comunicación, continuar negando el derecho a la movilización bajo el pretexto de la Pandemia. Pero como no lo lograron, como la gente hizo caso omiso, rompió el aislamiento y se tomó las calles masivamente desde el primer día, entonces el gobierno arreció la violencia contra el pueblo: bolillo, gases, aturdidoras y balas fue la respuesta represiva del Estado. Tan solo en los primeros 5 días de protestas, la policía y algunos civiles armados a su servicio ya habían asesinado a más de una docena de manifestantes, además de dejar cientos de heridos, desaparecidos y detenidos.

Foto. El Espectador


A pesar de la violencia brutal del viejo Estado, el pueblo no cedió. Al quinto día del paro, acorralado por la furia popular, el gobierno se vio obligado a echar para abajo su reforma tributaria que gravaba con IVA la canasta familiar, y con ella también rodó la cabeza del odiado Ministro de Hacienda Carrasquilla. La ofensiva popular había hecho retroceder al viejo Estado en sus infames propósitos de cargar sobre los hombros de la gente trabajadora la crisis del capitalismo burocrático. Nada pudo detener la continuación del Paro Nacional, ni la caída de la reforma, ni el llamado que hizo el oportunista de Petro, preparando su campaña politiquera, de “frenar ahí” la protesta popular para “acumular fuerzas para lo que seguía”, entiéndase elecciones presidenciales del 2022.

Foto. Indepaz


Esto dejó claro que la reforma tributaria antipueblo no era sino el florero de Llorente, la gota que derramó la copa ya repleta de explotación y de injusticia. El pueblo protestaba por su insoportable situación económica, por la negación de sus derechos. Tan solo dos escandalosas cifras de este mar de injusticias develan el porqué de la gran dimensión y duración de esta protesta. La primera: según el DANE, en el año 2020, 42% de la población colombiana vivía en la pobreza (ingresos de menos de 330 mil al mes), 30% era clasificada como vulnerable (ingresos entre 330 y 650 mil al mes), en otras palabras, el 72%, ¡más de 36 millones de personas en nuestro país sobrevivían con menos de 650 mil pesos al mes! ¿No era acaso esa realidad suficiente para levantarse? Y la segunda: tan solo entre 2002 y 2008, en el periodo de aplicación del genocida Plan Colombia bajo mando del imperialismo yanqui y su lacayo el gobierno de Uribe, por lo menos 6.402 personas del pueblo fueron asesinadas por las fuerzas armadas del viejo Estado y luego presentadas como caídas en combate, en lo que se conoció como los “falsos positivos” ¿No bastaba esto para que las calles se llenaran de indignación antiuribista?


Contra la pobreza, la represión, el desempleo, la precariedad laboral, etc., y por vivienda, salud, educación, trabajo digno, democracia, etc., se alzaron millones de voces en el Gran levantamiento Popular. Por eso, para las masas no fue suficiente con tumbar la reforma tributaria, era más que justo continuar la rebelión. Las protestas se extendieron durante mayo, junio y julio. De principio a fin los más destacados protagonistas de estas grandes movilizaciones fueron los jóvenes populares, en quienes ha recaído más fuerte el peso de la crisis, han sufrido siempre en carne propia el hostigamiento de una policía antipueblo a la que -con razón- odian profundamente y, por supuesto, porque la juventud popular, en la primavera de la vida, esta llena de energía y esperanza, es rebelde y siempre estará en las primeras líneas de batalla resistiendo para que sus sueños no sean ahogados, para conquistar junto a todo el pueblo la justicia social.

Foto. Indepaz


El primer mes del Paro el pueblo se mantuvo a la ofensiva. Se realizaron casi 2000 marchas y más de 2500 bloqueos por todo el país. Diariamente las masas desplegaban inmensas y combativas protestas, contando prácticamente con el apoyo de la totalidad de las clases trabajadoras que cuando no podían salir a las calles, llenaban las ventanas de gritos y sonar de cacerolas en apoyo a su causa común. Fuerzas represivas, instituciones del viejo Estado, buses e inmuebles del gran capital estatal o privado fueron frecuentemente blanco de la ira popular. Y es gracias a este carácter masivo y combativo de las protestas y a la simpatía que ganó entre el pueblo, que

se logró en este primer mes, además de tumbar la reforma tributaria, echar para atrás también la lesiva reforma a la salud y conquistar la “matrícula cero” en universidades públicas para los estratos más bajos. La protesta tuvo además resonancia internacional y los pueblos de otros países enviaron bellas muestras de apoyo a la lucha del pueblo colombiano.

El segundo mes de protestas el viejo Estado pasó a la contraofensiva recrudeciendo la represión, militarizando algunas zonas de las ciudades y continuando con la acción violenta, el asesinato y la desaparición de decenas de manifestantes. Uribe, jefe de la ultraderecha, llegó incluso a defender ampliamente que las fuerzas armadas usaran sus fusiles contra las masas que protestaban; el gobierno de Duque decretó el apoyo del Ejército en el “control del orden público” en varios departamentos del país y las clases dominantes movilizaron algunos sectores de las masas en contra del paro y en apoyo a las reaccionarias fuerzas policiales. Los partidos de oposición al gobierno de Duque sirvieron a esta contraofensiva condenando las acciones combativas de las masas, llamando a su desmovilización (Petro a inicios de mayo, el comité de Paro a mediados de junio) y sembrando ilusiones en que los cambios había que buscarlos en la presentación de proyectos de ley y en las urnas para presidencia.  

La cruenta represión estatal, la posición oportunista y desmovilizadora de los partidos de la falsa izquierda, y el agotamiento de las masas participantes y solidarias de la lucha después de un mes de manifestaciones diarias, va llevando a que a partir de ese segundo mes disminuyan progresivamente las protestas y los combates callejeros hasta que en julio las manifestaciones ya se presenten de manera esporádica. De esta forma concluyó el histórico Gran Levantamiento Popular.

Foto. Resistencia Juvenil

¿Qué balance hacemos de esta histórica protesta?

El Gran Levantamiento Popular tuvo sus causas, en primer lugar, en el agravamiento de la situación de opresión política y explotación económica del pueblo por parte de las clases dominantes y su patrón, el imperialismo yanqui, quienes recargaron la crisis del imperialismo y de su capitalismo burocrático sobre las espaldas de la gente trabajadora. Y en segundo lugar, en la crisis del viejo Estado, en su incapacidad de seguir gobernando como hasta el momento lo habían hecho expresada en la agudización de la pugna interna entre los grupos y facciones de las clases dominantes por cómo salir de la crisis económica y reprimir la rebelión popular, por reestructurar el viejo Estado para cumplir estas tareas reaccionarias.

Esta lucha popular en la que participaron millones de personas por más de dos meses, ha sido el acto de protesta más masivo y largo de nuestra historia contemporánea. En comparación, el Bogotazo en 1948 y el paro cívico nacional en 1977 duraron días, el Paro Nacional Agrario de 2013 duró un mes. Además, por su combatividad, por el amplio uso de la violencia justa del pueblo contra sus opresores, ha entrado a hacer parte, junto con estos y otras luchas de las masas en nuestro país (como la toma de más de 800 haciendas el 21 de febrero de 1971 o las heroicas batallas de la juventud popular del 9 al 11 de septiembre de 2020) de los más beligerantes hitos de la lucha popular en Colombia.

Su escenario principal fueron las mayores ciudades del país y su epicentro Cali, la tercera ciudad más grande de Colombia. Fue en lo fundamental un levantamiento urbano. El grueso de sus filas y las más combativas las conformó la juventud popular, los jóvenes de los inmensos cinturones de miseria urbanos, típicos de un país del tercer mundo como Colombia; un país mantenido en el atraso, en la semifeudalidad, por el imperialismo principalmente yanqui que en asocio con los monopolistas del capital y de la tierra, no permite a nuestra nación un camino independiente de desarrollo de su industria y agricultura y con ello de bienestar y oportunidades para las gentes del pueblo.

El gran levantamiento popular fue el punto más alto alcanzado por una nueva oleada de luchas populares que se levantaba luego de un periodo de baja tras el segundo Paro Nacional Agrario de 2014. Este periodo de apaciguamiento de las luchas de las masas fue grandemente influenciado por el rol desmovilizador que el gobierno y los oportunistas de las FARC jugaron al impulsar las negociaciones de paz entre ellos, difundiendo la conciliación entre clases antagónicas, esparciendo pacifismo y sembrando ilusiones en que el Acuerdo de Paz, cambiaría a Colombia en beneficio de su pueblo.

Toda esta negociación del Acuerdo de Paz, a pesar de su pomposidad, se fue revelando como una simple dejación de armas de las FARC e incorporación de sus jefes oportunistas a la burocracia del viejo Estado, mientras que este incumplía sus promesas con los excombatientes y caían asesinados -hasta hoy- más de 350 de ellos. La supuesta transformación de Colombia consignada en el “Acuerdo de la Habana”, que las FARC gustaba de llamar “justicia social” para engañar incautos, no pasó de ser letra muerta y se develó como instrumento demagógico, complemento del represivo periodo uribista y parte de la guerra de baja intensidad que el imperialismo y la reacción usan contra el pueblo para ahogar su rebelión.

De este modo, ya que ninguna de las causas de la crítica situación del pueblo cambió tras el Acuerdo de Paz, puesto que con la entrega de las FARC perdieron bastante fuerza las mentiras del viejo Estado de que los problemas del pueblo y la nación eran causados por el “terrorismo” y de que se justificaba la criminalización de la protesta popular porque estaba “infiltrada por la guerrilla”, y ya que los acuerdos de paz agudizaron la pugna entre las clases dominantes, se fueron generando las condiciones para una nueva oleada de lucha popular

En noviembre de 2016 se firmó el Acuerdo de Paz con las FARC. Tan solo dos años después se empezaron a expresar los inicios de esta nueva ola de lucha popular con los dos meses de Paro Nacional Universitario a finales de 2018 y con la toma indígena de la Panamericana por 20 días a comienzos de 2019. Pero la fuerza y amplitud a todos los sectores populares y el protagonismo de la juventud popular como características que esta ola iría a tomar, solo empezaron a mostrarse en el Paro Nacional del 21 de noviembre de 2019, en el que se dieron multitudinarias manifestaciones y combates callejeros desde el primer día de paro.

La Pandemia y su confinamiento, por un lado, contuvieron la creciente protesta social, pero, por el otro, profundizaron sus razones, al agravar las ya precarias condiciones de vida del pueblo. Según cifras oficiales, los desempleados pasaron de ser 2.4 millones a ser 3.3 millones, es decir, cerca de un millón de personas perdieron su empleo; la población pobre pasó de 17.5 millones a 21.2 millones, esto es, 3.5 millones de personas cayeron en la pobreza.

Foto. El Salto

Se acumulaba así más leña lista para arder, y al poco tiempo ¡ardió! 10 días después de levantada la cuarentena impuesta por el Estado, el 9 de septiembre de 2020, la noticia de un acontecimiento indignante, el asesinato de Javier Ordoñez a manos de la policía, difundida en la mañana de ese día, fue la chispa, que esa misma noche, encendió la hoguera. Durante 3 noches la juventud popular, especialmente en Bogotá, pero también en otras ciudades, destruyó casi un centenar de CAIs, decenas de buses y estaciones de Trasmilenio y combatió a la odiada policía, perro guardián de los de arriba que rabiosamente, bajo orden de imponer el terror entre las masas, asesinó a bala al menos a 13 manifestantes, golpeó y apresó a muchos otros.

Ese fue el saldo de las heroicas batallas del 9 al 11 de septiembre de 2020, otro hito de la lucha combativa de la juventud popular que hacía parte de la creciente ola de protestas que unos meses después llegaría a su punto más alto con el histórico Gran Levantamiento Popular del que hoy estamos conmemorando su segundo aniversario.

Puerto Resistencia Cali. Foto. Las dos orillas

Hagamos un paréntesis para señalar que todos estos hitos de la lucha del pueblo colombiano han sido influenciados y forman a la vez parte de la oleada mundial de explosividad de las masas de los últimos años, pues tienen en común que hunden su raíz en la agudización de la crisis y las contradicciones de la era del imperialismo y el recrudecimiento de la opresión de este sobre los pueblos del mundo, especialmente sobre las naciones oprimidas. Desde los grandes estallidos en Ecuador y Chile de octubre de 2019, las masas colombianas esperaban con ansias su turno para que explotara la bomba de tiempo.

Estos estallidos sociales en el mundo y en Colombia muestran, a quienes quieren ver, las poderosas fuerzas que dormitan en el seno de la sociedad, la fuerza de las masas populares, que cuando hablan todo se estremece, los de arriba tiemblan, el viejo orden cruje, pues son las hacedoras de la historia. Hacia ellas han de dirigir su atención la gente justa y honesta que quiere la libertad del pueblo y la nación, para que lo que hoy es latente mañana se despliegue como realidad mediante la lucha organizada y consciente de los de abajo para librarse del yugo de los de arriba.

Bueno, pero volvamos al balance del estallido social de 2021 en Colombia. De él también hay que destacar, además de su masividad, combatividad, apoyo popular y protagonismo de la juventud más pobre, las formas que el pueblo adoptó para organizarse, tales como la creación de puntos de resistencia en las ciudades, especialmente en Cali, donde se realizaban reuniones y asambleas populares, se reponía y preparaban fuerzas para continuar la lucha y las “Primeras Líneas”, forma principal de organización de la juventud combativa como tropa de choque popular contra las fuerzas represivas.

Estas formas de organización de las masas, espontáneas e independientes, también mostraban otra importante característica del Gran levantamiento Popular: las masas no “le copiaron” a las fuerzas oportunistas. Recordemos que el pueblo levantado hizo caso omiso a los llamados del Comité de Paro y de Petro a cesar las movilizaciones. No obstante, los partidos de la falsa izquierda (Polo, Progresistas, Verdes, etc.) continuaron intentando tomarse la vocería del Paro para -aprovechando la fuerza de las masas- intentar negociar su propio pliego de peticiones con el gobierno. Luego, cuando la movilización ya no convenía a sus intereses burocráticos porque no la podían controlar, llamaron al pueblo a cesar la lucha y a apoyar sus candidaturas con miras a asumir puestos en el viejo Estado ilusionando a las masas con que el cambio vendría a través de las vías institucionales, es decir, ayudando a legitimar ante el pueblo un Estado profundamente deslegitimado.

En síntesis, esta gran movilización social ha mostrado al pueblo que cuando se une y toma en masa las calles es capaz de detener reformas antipopulares y conquistar derechos; que el viejo Estado utiliza sus fuerzas armadas para reprimir con saña cualquier intento de cambiar el injusto orden establecido: más de 70 personas fueron asesinadas, cientos golpeadas y detenidas, algunas desaparecidas y otras violentadas sexualmente; que el pueblo debe organizar la resistencia y el combate a estas fuerzas represivas para poder defender y conquistar sus derechos: puntos de resistencia, asambleas populares y primeras líneas son algunas de las valiosas formas y experiencias ensayadas; que los Partidos de la falsa izquierda actúan de manera oportunista: apoyan hoy si les conviene, mañana intentan desmovilizar si ya no, todo en aras de saciar sus apetitos burocráticos.

Después de esta gran protesta, estos politiqueros aprovecharon la aún débil organización y conciencia del pueblo, la frustración de muchos por no haber conseguido el cambio social, para venderle otra vez a las masas que ellos las representaban y que si votaban por ellos se haría realidad el “gobierno del cambio”. Hoy, como lo ha mostrado la realidad y difundido este medio, la situación para el pueblo no ha cambiado, sino empeorado.

Por eso, este segundo aniversario del Gran Levantamiento Popular, el periódico Nueva Democracia llama al pueblo en general y en particular a la juventud popular y a los intelectuales revolucionarios a no permitir que ningún oportunista o falso líder se tome la vocería del pueblo y se autoproclame como su representante, a no desanimarse ni abandonar el camino de la organización y la lucha popular pues una vez se despierta la conciencia de clase nunca debemos dejar que esta se apague, a conmemorar poniendo bien alto y con orgullo estas épicas batallas de la lucha de las masas en nuestro país, sacar lecciones y enriquecer el acervo de experiencias para desarrollar la lucha por los derechos del pueblo y avanzar en el prolongado, arduo y luminoso camino de la revolución de nueva democracia para establecer el verdadero poder popular.

Foto. El Espectador