La verdad es que los decretos del presidente legítimo de Venezuela, firmados antes de su secuestro, en los que ordenaba inequívocamente que todas las organizaciones populares y milicias se lanzaran a la lucha armada contra el imperialismo, parecen no haber pasado del papel.
Tomado de A Nova Democracia Brasil.
Traducción Nueva Democracia Colombia

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, confesó en un vídeo dirigido a su base de “influencers” que decidió colaborar con el imperialismo yanqui durante la invasión del país y el secuestro del presidente Nicolás Maduro porque recibió amenazas directas de muerte.
El vídeo, difundido por el diario La Hora de Venezuela el 23 de enero y grabado una semana después del secuestro, muestra al entonces ministro de Comunicaciones, Freddy Ñañez, tratando de convencer a un grupo de “influencers” alineados con el chavismo para que apoyaran a la presidenta y que no difundieran “chismes, rumores” que indicaran una posible traición de Delcy al presidente Nicolás Maduro y a los intereses de soberanía nacional de Venezuela, amenazando a aquellos a los que llamó “radicales”.
Temiendo que la nación venezolana se rebelara contra la humillación a la que está siendo sometida, Ñañez intentó calmar a su base, sugiriendo que la cooperación con los yanquis habría sido “una estrategia trazada” por el presidente Nicolás Maduro antes de ser secuestrado.
Mientras tanto, la verdad es que los decretos del presidente legítimo, firmados antes de su secuestro, en los que ordenaba inequívocamente que todas las organizaciones populares y milicias se lanzaran a la lucha armada contra el imperialismo, parecen no haber pasado del papel.
Tomando la palabra durante la reunión, la propia Delcy confirmó que “desde el primer minuto en que se llevaron al presidente, comenzaron las amenazas” y que ella, su hermano y el ministro del Interior, Diosdado Cabello, solo tuvieron 15 minutos para manifestar su cooperación, o serían asesinados. Delcy Rodríguez llegó a fanfarronear ante su base, sugiriendo que estaba dispuesta a “compartir el mismo destino” que Maduro, pero que decidió ceder a las amenazas y exigencias yanquis para impedir que continuaran los bombardeos, negociar la libertad de Maduro y su esposa, Cilia Flores, y, según ella misma, salvar su propia vida.
“[La sumisión] es la única garantía que tenemos de que… podemos traer de vuelta al presidente y a la primera dama, pero también pasar página para reconfigurar nuestras fuerzas”, afirmó la presidenta interina, quien también afirmó que “las amenazas y el chantaje continúan hasta hoy”.
Aprovechando la sumisión del gobierno interino, el imperialismo y sus agencias de contrapropaganda disfrazadas de prensa acusan y desmoralizan aún más a los sucesores de la República Bolivariana de Venezuela. Un reportaje de The Guardian, en paralelo a las declaraciones de Delcy, afirma haber consultado a cuatro fuentes distintas y acusa a Delcy y a su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional venezolana, de haber orquestado un acuerdo previo a la operación. Según el medio —una fuente de noticias sospechosísima—, los hermanos habrían prometido no actuar contra el secuestro de Maduro «meses antes» de que se concretara el crimen internacional, y habrían aceptado cooperar de acuerdo con los intereses yanquis al día siguiente de la caída del presidente. Según las fuentes, representantes de Catar habrían participado directamente en las negociaciones entre los hermanos Rodríguez y el gobierno de Trump. En octubre de 2025, el monopolio mediático yanqui Miami Herald ya había acusado a la entonces vicepresidenta de conspirar “a través de medios activos y pasivos” para derrocar a Maduro.
De hecho, una vez en el cargo, Delcy, al asumir el gobierno como una mera intérprete de las humillantes órdenes de Trump, no ayuda a combatir los rumores y las acusaciones. La presidenta interina esperó solo 12 días después del secuestro de Maduro para recibir al director de la Agencia de Inteligencia Yanqui (CIA), John Ratcliffe, en la capital Caracas, en un encuentro que supuso una humillación nacional. La reunión, que tuvo lugar el 15 de enero, habría sido ordenada por el propio Donald Trump para tratar la cooperación de las autoridades venezolanas con el Estado imperialista de los Estados Unidos.
La receptividad mostrada por la presidenta interina le valió los elogios del presidente yanqui, que la honró con insultantes elogios públicos por su “buen trabajo”. Tras la visita del director de la CIA, Delcy Rodríguez afirmó que pronto realizará una visita a Washington, por invitación de Trump.
Las reformas avanzan, como ordena Trump
Acosados por las amenazas del Gran Satán, el imperialismo yanqui, los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez articulan en la Asamblea Legislativa una reforma de la Ley de Hidrocarburos, que provocará una verdadera entrega del sector petrolero nacional.
Si se aprueba, la medida permitirá romper el monopolio estatal en la extracción y refinación de petróleo, permitiendo que las empresas imperialistas compren acciones de “Petróleo de Venezuela S.A” (PDVSA) y, por lo tanto, adquieran la propiedad de las enormes reservas del país sudamericano. Celebrando la apertura, Trump llegó a afirmar que “pronto” las corporaciones imperialistas yanquis comenzarán a perforar el suelo venezolano en busca de petróleo, lo que reportaría miles de millones a la oligarquía financiera.
A pesar de que las discusiones para la apertura de la explotación petrolera comenzaron apenas el 22 de enero, Delcy Rodríguez se jactó de recibir solo 300 millones de dólares (1600 millones de reales) de los 500 millones prometidos por la venta de petróleo a los Estados Unidos, valor irrisorio frente a los miles de millones prometidos por Trump a los magnates yanquis.
No obstante, Delcy anunció una gran reforma administrativa y militar, con el cambio de los responsables de los ministerios de Comunicación, “Ecosocialismo”, Salud y Comercio. El expresidente del Banco Central de Venezuela, Calixto Ortega, asumió el Centro Internacional de Inversión Productiva, donde será responsable de supervisar la inversión de “empresas nacionales” y, principalmente, internacionales, en la economía venezolana.
En el sector militar, la reforma comenzó el día 21, un día antes del inicio de las negociaciones en la Asamblea Legislativa para la entrega de las reservas petroleras a los imperialistas. En total, 12 de las 28 zonas operativas de defensa cambiaron de mando, por orden de la presidenta. Además de los mandos regionales, Delcy ya había nombrado al exjefe del Departamento de Seguridad para el Mando de la Guardia Regional y la dirección de la Agencia de Inteligencia.
Los cambios en el ámbito militar, en este contexto de obediencia a Trump, se combinan con la información difundida en la prensa yanqui de que el Gobierno de EE. UU. estaría preocupado por la influencia de sectores de “línea dura”, en particular del general Diosdado Cabello, ministro del Interior responsable de la movilización de las tropas y las «milicias bolivarianas».
Según fuentes de Reuters, el principal temor de los yanquis es que Cabello utilice su influencia sobre gran parte de las tropas, la Guardia Bolivariana y los Colectivos de venezolanos armados en defensa del país para promover un gran disturbio antiimperialista y contra la entrega de los recursos.
