Jack A. Goldstone, científico estadounidense, profesor e historiador reconocido en las propias academias burguesas de todo el mundo por sus estudios sobre las revoluciones, afirma categóricamente: “Nos encontramos en una especie de descenso hacia un modelo autoritario en gran parte del mundo. Esto es también el comienzo de un movimiento revolucionario”.
Tomado de A Nova Democracia Brasil.
Traducción Nueva Democracia Colombia

Entre el 19 y el 23 de enero de 2026 se celebra en Davos-Klosters, Suiza, el 56º Foro Económico Mundial, donde los principales oligarcas del capital financiero y sus representantes políticos debaten la situación económica y política mundial. En la presente edición, existe consenso entre todos los grandes nombres del capital financiero criminal en que el mundo “ha entrado en una era de competencia”, “caracterizada por la fragmentación y los enfrentamientos” entre los diferentes Estados imperialistas y el capital financiero de sus respectivas burguesías imperialistas, tal y como se recoge en el Informe de Riesgos Globales, emitido por el Foro.
El informe, elaborado a partir de consultas a los principales magnates del capital financiero y jefes de Estado y de gobiernos, admite que el futuro próximo “estará marcado por la incertidumbre” y que los próximos tiempos “serán turbulentos y tempestuosos” en el transcurso de los próximos dos a diez años.
El motivo de tal pesimismo, en el caso de la burguesía como reflejo de cierto realismo, se presenta en el informe en varias facetas. La llamada “crisis del orden mundial” es, para el 68 % de los magnates entrevistados, un motivo importante que dará lugar a la fragmentación del “ambiente político” durante la próxima década. Otro factor que ha aumentado la preocupación del capital financiero son los riesgos económicos, más concretamente, la recesión económica, la inflación y el estallido de las burbujas de activos, en definitiva, la próxima crisis cíclica de sobreproducción de capital dentro de la crisis general de descomposición sin precedentes.
Miseria y opulencia, lado a lado
Otra preocupación del capital financiero para la estabilidad de su orden es lo que él considera “polarización social persistente”, tratada como “riesgo estructural y estable”, única preocupación que permanece en el “top 10” tanto a corto como a largo plazo en los últimos 5 años.
No es sin razón. La riqueza del capital financiero, tratada en el informe como “multimillonarios”, alcanzó el récord de 18,3 billones de dólares en 2025, un aumento de 2,5 billones en solo un año. Desde 2020, la riqueza de este segmento del capital financiero, los más poderosos económicamente, ha crecido nada menos que un 81 %, un ritmo tres veces más rápido que la media de los cinco años anteriores.
Los llamados “multimillonarios”, que concentran tanta riqueza, no son más que 3 mil personas en todo el mundo. En términos porcentuales, esto significa que el 0,00004 % de la población mundial concentra hoy 18,3 billones de dólares.
Mientras tanto, según la propia Oxfam, casi la mitad de la población mundial vive en la pobreza. Una de cada cuatro personas no tiene acceso regular a una alimentación suficiente. Intentando alimentar en los pobres la esperanza en la filantropía del capital financiero y en las políticas de “redistribución de la renta”, Oxfam afirma que el crecimiento de la riqueza de los multimillonarios desde 2020 sería suficiente para eliminar la pobreza mundial 26 veces.
Apoyado en esta enorme fortuna, el capital financiero ejerce una verdadera dictadura sobre la información. Oxfam expone que los multimillonarios son propietarios de más de la mitad de las empresas de medios de comunicación en masa del mundo y de nueve de las diez mayores plataformas de las llamadas “redes sociales”. Con ellas, naturalmente, el capital financiero tiene total libertad para manipular la realidad en beneficio de sus enormes ganancias máximas.
Por esta razón, los países altamente desiguales entre la concentración de la riqueza y la pobreza presentan siete veces más riesgo de “retrocesos democráticos”, es decir, el recrudecimiento de la lucha de clases con el aumento tanto de medidas fascistas como de situaciones revolucionarias que amenazan la estabilidad de la democracia burguesa.
El propio capital financiero, en el Foro de Davos, reconoce los peligros en los que se mete al imponer a los pueblos del mundo un nivel tan extremo de contradicción. El capital financiero considera que la desigualdad económica es uno de los principales motores de la “polarización social” y, además, afirma que la situación actual, de extrema concentración de la riqueza en un polo y pobreza en el otro, es “un terreno fértil para el resentimiento y la fragmentación de la sociedad”, cuando, en realidad, la sociedad ya está fragmentada precisamente por esa relación de explotación.
Explosividad de las masas
Oxfam, por su parte, se muestra preocupada por el aumento de la explosividad de las masas, tratada en su informe como “levantamientos populares y rabia de la población”. Según la ONG, el año 2025 estuvo marcado por innumerables levantamientos en países de África, Asia y América Latina, considerados como “una nueva revolución global”, en los que las nuevas generaciones han tomado la delantera exigiendo “poder real” en la política. Las palabras de Oxfam ponen de manifiesto la crisis de la democracia burguesa.
Además de las demandas políticas de las masas por un nuevo régimen político, las protestas generalizadas han contado con el respaldo del odio de la población hacia las “medidas de austeridad”, como los recortes de derechos, el desempleo y el alto costo de vida.
“[Nuestra protesta] fue un mensaje de que esta es una nueva revolución, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, de que la juventud debe tener voz y algo de poder en la política”, afirmó el joven Gyawali, en referencia a los inmensos levantamientos que se apoderaron de todo Nepal en septiembre de 2025. Destaca que el hecho de que el sistema político trabaje para el capital financiero y las clases dominantes locales fue, para él, el motivo de las protestas. En sus propias palabras: “había tantos casos de políticos que recibían dinero de empresarios para trabajar a su favor… la gente común tenía que trabajar duro por poca recompensa [mientras que los ricos se beneficiaban]”.
Un nuevo período revolucionario
Jack A. Goldstone, científico estadounidense, profesor e historiador reconocido en las propias academias burguesas de todo el mundo por sus estudios sobre revoluciones, afirma categóricamente: “Nos encontramos en una especie de descenso hacia un modelo autoritario en gran parte del mundo. Esto es también el comienzo de un movimiento revolucionario”.
Él explica en su estudio “The World’s Descent into Authoritarianism May Trigger a Revolutionary Movement” (El descenso del mundo hacia el autoritarismo puede desencadenar un movimiento revolucionario): “Las instituciones políticas globales y nacionales de los últimos 50 años se están desmoronando… Están siendo desmanteladas tanto por grupos de élite en busca de ventajas como por poblaciones profundamente insatisfechas con las crisis financieras, el crecimiento económico y la falta de movilidad social”. “Es un rechazo a unas democracias cada vez más consideradas corruptas, egoístas e ineficaces para los ciudadanos de a pie”.
Goldstone, por supuesto, no es partidario del socialismo, la única alternativa históricamente posible al imperialismo. Por eso, sus conclusiones se suman al temor que él mismo admite: “Me preocupa que los años 2020 se parezcan a los años 1930”, dice, en referencia al surgimiento del fascismo y de grandes revoluciones.
